El ritmo semanal con el domingo como día central es el primer eslabón de
la cadena del Año litúrgico. Con el tiempo, un domingo destacó sobre los
demás: fue el domingo de Pascua. En rigor, todos los domingos del año
son domingos pascuales, pascua semanal. La Iglesia desde el S. V ha
impuesto la obligación de santificar el día del Señor, día que comienza
en las Vísperas, o sea, en la tarde anterior (sábado) siguiendo la
costumbre judía de contar los días. También las solemnidades comienzan
en la Víspera. Por este motivo la misa vespertina del sábado "vale" para
cumplir el precepto dominical porque en rigor ya es domingo (CDC
1247-1248). El domingo pascual, núcleo del Año litúrgico, quedó fijado
por el Concilio de Nicea reunido el año 325 que dispuso que la Pascua se
celebrase el domingo posterior al primer plenilunio del equinoccio de
primavera, o dicho de otra manera, el domingo que sigue a la primera
luna llena que haya después del 22 de marzo. Por este motivo, la Pascua
de Resurrección es fiesta variable, ya que depende de la luna y
necesariamente deberá oscilar entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Los
poetas y pregoneros muy acertadamente han aprovechado esta circunstancia
para decir que la luna sale a ver a la Macarena o que la luna se asoma
para ver al Gran Poder aunque es justamente lo contrario, salen cuando
hay luna. Una vez fijado el domingo pascual de cada año se establecen
los demás tiempos movibles y sus fiestas: el tiempo pascual (cincuenta
días posteriores) y el tiempo cuaresmal (cuarenta días atrás) además de
las solemnidades que dependen de la fecha de Pentecostés (Santísima
Trinidad, Corpus Christi, Sagrado Corazón).
El Año Litúrgico puede decirse que se compone de tiempos
“fuertes”(Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua) en los cuales se celebra
un misterio concreto de la historia de la Salvación y otro tiempo
llamado Tiempo Ordinario en el cual no se celebra ningún aspecto
concreto sino más bien el mismo misterio de Cristo en su plenitud,
especialmente en los domingos. Este Tiempo Ordinario transcurre partido
y dura treinta y tres o treinta y cuatro semanas.
TIEMPO DE
ADVIENTO.
El año litúrgico comienza en las vísperas del primer domingo de
Adviento, que es siempre el domingo más cercano al día 30 de
noviembre, festividad de san Andrés. Dura cuatro semanas con sus
respectivos domingos.
TIEMPO DE
NAVIDAD.
Abarca
desde el veinticinco de diciembre hasta el domingo posterior a la
Epifanía (6 de enero). Ese domingo celebramos el bautismo del Señor.
TIEMPO
ORDINARIO, PRIMERA PARTE.
Abarca desde el lunes posterior a la fiesta del Bautismo del Señor
hasta el martes anterior al Miércoles de Ceniza.
TIEMPO DE
CUARESMA.
La Cuaresma, tiempo de preparación para la Pascua de Cristo, es un
tiempo claramente penitencial. "Actualmente, el cómputo matemático
hace de nuestra Cuaresma un período de cuarenta y cuatro días,
incluidos el miércoles de Ceniza y el Jueves Santo" (Jesús
Castellano). Incluye cuarenta días de penitencia, excluyendo los cinco
domingos de Cuaresma y el de Ramos (el domingo siempre es día festivo)
y añadiendo los días del Viernes y Sábado Santo, ya en pleno Triduo
Pascual. En sentido estricto, la Cuaresma abarca desde el miércoles
de Ceniza hasta la misa vespertina de la Cena del Señor del Jueves
Santo (NUALC 29).
SEMANA
SANTA.
Es la semana que abarca desde el Domingo de Ramos en la Pasión del
Señor hasta la Vigilia Pascual del Sábado Santo. Incluye al Triduo
Pascual, que comienza con la Misa vespertina en la Cena del Señor, del
Jueves Santo y se prolonga Viernes, Sábado Santo y el domingo pascual.
Triduo del Señor muerto, enterrado y resucitado. Es un error muy
extendido hoy día seguir llamando Domingo de Pasión al domingo
anterior al de Ramos (V de Cuaresma) cuando hoy día el domingo de
Pasión es el mismo del de Ramos ya que se denomina Domingo de Ramos en
la Pasión del Señor.
TIEMPO
PASCUAL.
Abarca los cincuenta días posteriores a Pascua de Resurrección
(cincuentena pascual), incluyendo el domingo pascual, y se distinguen
tres períodos:
-
Octava de Pascua, que son los ocho días posteriores y deben
considerarse como un solo día festivo. Termina en las Vísperas del
II Domingo de Pascua.
-
Tiempo Pascual hasta la Ascensión
-
Tiempo Pascual después de la Ascensión.
El domingo de Pentecostés, que se celebra a los cincuenta días de
Pascua, es el colofón del ciclo pascual, no debe pues considerarse
como una nueva Pascua.
TIEMPO
ORDINARIO, SEGUNDA PARTE.
Abarca desde el lunes posterior a Pentecostés hasta las Vísperas del
primer domingo de Adviento. El Año litúrgico se ha cerrado el domingo
anterior al primero de Adviento con la solemnidad de Cristo Rey.
Los días que no son domingos de cualquier tiempo se llaman ferias. Según
la costumbre latina, el lunes recibe el nombre de "feria segunda" y así
sucesivamente hasta la feria sexta (viernes). Recuérdese el nombre tan
clásico y venerable de "feria V in Coena Domini" al Jueves Santo y el de
"feria VI in Passione Domini" al Viernes Santo. El sábado tiene su
nombre propio heredado de los judíos (Sabbat que significa descanso). El
dies domínica, (kyriaké emera) es el domingo, el día del Señor. Ese día
fue el de la resurrección de Cristo. Así nos lo cuentan los evangelistas
(Mateo 28.1-7; Marcos 16. 1-8; Lucas 24.1-12; Juan 20. 1-10). Es
también ese día el elegido por Jesús Resucitado para aparecerse a sus
discípulos en el camino de Emaús y en el Cenáculo. También al domingo
se la ha llamado el “octavo día” por los Padres de la Iglesia, haciendo
referencia al tiempo nuevo que abre la resurrección y en otro sentido se
le ha llamado el “tercer día” si se mira desde la perspectiva de la
Cruz. De los simbolismos expuestos considerarlo como primer día de la
semana será el más importante.
Terminamos con las palabras que la Constitución Litúrgica del Vaticano
II (S.C.) nos dice sobre el año litúrgico:
"La Santa Madre Iglesia considera deber suyo celebrar con un sagrado
recuerdo en días determinados a través del año la obra salvífica de su
divino Esposo. Cada semana en el día que llaman del Señor, conmemora
su resurrección, que una vez al año celebra, junto con su santa
pasión, en la solemnidad de la Pascua. Además, en el círculo del año
desarrolla todo el misterio de Cristo, desde la Encarnación y la
Navidad hasta la Ascensión, Pentecostés y la expectativa de la dichosa
esperanza y venida del Señor. Conmemorando así los misterios de la
redención, abre las riquezas del poder santificador y de los méritos
de su Señor, de tal manera que, en cierto modo, se hacen presentes en
todo tiempo para que puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y
llenarse de la gracia de la salvación.
En la celebración de este círculo anual de los
misterios de Cristo, la santa Iglesia venera con amor especial a la
bienaventurada Madre de Dios, la Virgen María, unida con lazo
indisoluble a la obra salvífica de su Hijo... Además, la Iglesia
introdujo en el círculo anual el recuerdo de los mártires y de los
demás santos que, llegado a la perfección por la multiforme gracia de
Dios, y habiendo ya alcanzado la salvación eterna, cantan la perfecta
alabanza de Dios en el cielo e interceden por nosotros" (Sacrosanctum
Concilium 102, 103, 104).
JESÚS LUENGO MENA, VICETENIENTE DE LA HDAD DE JESÚS DESPOJADO
Siglas empleadas:
CDC: Código de Derecho Canónico
NUALC: Normas Universales para el Año Litúrgico.
SC.: Sacrosanctum Concilium
© Jesús
Luengo Mena. 12- XII- 2007
correo: jluengomena@hotmail.com