Todos
los momentos claves de la vida publica de Jesus en las escrituras vienen
marcados con viandas de por medio... la boda de Caná; la multiplicación de los
panes y los peces; la comida con los pecadores en casa de Mateo/Leví; la cena de
Betania; la última
cena... y tras la resurreción, la cena en Emaús, en la que solo lo reconocieron
cuando tomo el pan, lo bendijo y lo partió.
Las
comidas son momentos claves sociales, en donde los lazos de amistad se atan, se
crea camadería y llegamos a conocer mejor a las personas que comparten la mesa
con nosotros... así se entiende tambien en las hermandades, en las que se
celebran comidas fraternales con los hermanos, o se organizan actos de muy
distinta indole (ya sea premios, presentaciones de carteles, tras montajes de
altares y pasos etc) en los que hay
con frecuencia un pequeño ágape, (más que típico un pescaito frito) aunque solo sea un tapeo.
Los
eventos sociales con comidas es "el pan nuestro de cada dia" en la vida de las
hermandades; ya mencionaba Juan Delgado Alba en su "Semana Santa en Sevilla":
"Los cofrades no conocemos otro colofón a nuestros actos y alegrías que los
dedos manchados del aceite del pescado", pero lo curioso de estos ágapes es cuando los encontramos no en la
casa de hermandad... o en una cena formal en un restaurante... sino en plena
estación de penitencia... si... lee usted bien, deje de frotarse los ojos,
porque esta reseña histórica es mas que curiosa.
Revisando
datos sobre las hermandades encontré estas "perlas" de distintos episodios que
tuvieron lugar en el primer cuarto del siglo XX. Era el año del Señor de 1919,
y durante el transcurso del Domingo de Ramos, yendo camino de la Catedral, el
cortejo de la Hermandad de San Roque paró a la altura de la casa del Hermano
Mayor, que en esos años era D. Manuel Sarasúa Barandiarán, y que también era el
Presidente de la Diputación; este echo de por sí no tiene mas trascendencia, ya
que es comun que se paren los pasos delante de personas principales, pero lo
insolito del episodio fue que con los pasos en la calle, el Sr. Sarasúa, ofreció
un "lunch" a los integrantes de la comitiva, estando los pasos parados y
abandonados en medio de la calle mientras se celebraba el ágape. Desconocemos el
porqué de este festín, aunque sabemos que ese año en el Cabildo de Toma de Horas
se aprobó hacer un cambio de recorrido, aunque antes de la salida un grupo de
hermanos ya vestidos de nazarenos forzaron la celebración de un cabildo en donde
se decidió seguir el recorrido del año anterior. Quizá fuera este un gesto
conciliador del Hermano Mayor para limar desacuerdos entre hermanos.
Este episodio es inimaginable hoy en día, pero tres
años después (1922) sucedió un caso similar, pero esta vez los involucrados
fueron los participantes del cortejo de la Hermandad de la Hiniesta. Esta
cofradía sufrió un parón en la calle Feria porque la cofradía de la Cena no
acababa de salir de Omnium Sanctorum, a lo que el entonces Hermano Mayor de la
Macarena, D. Manuel Aguilar Luque --que residía en la calle Feria-- aprovecho la
ocasión para invitar a los del cortejo de la Hiniesta a pastas y licores en su
domicilio.
Dos reseñas históricas han llegado hasta nosotros de
estos combites callejeros, aunque desconocemos si esto era una practica mas o
menos ocasionalmente común durante una procesión en años anteriores. Lo que si
tuvo que ser normal en el pasado es que hubieran ciertos refrigerios en las
hermandades, como lo recoge las cuentas del la Hermandd de la Amargura sobre la
salida de 1730, en la que se gastaron 260 reales en los costaleros y "y los
refrescos acostumbrados a los mozos".
A
parte de estos ágapes institucionales con la cofradía en pleno, en nuestra
cofradias se dan comunmente los "ágapes callejeros personales"; y con esto me
refiero al siempre bochornoso espectáculo de ver una cofradía casi vacia, cuando
sus nazarenos estan por los alrededores de las calles donde procesionan,
desayunando en los bares. Esto suele ocurrir tras la madrugada y los nazarenos
que suelen salirse de sus filas para tomar los calentitos con chocolate, el cafe
o lo que sea... son los de la Hermandad de la Macarena. Mucho se ha escrito
sobre ello, especialmente argumentando que no es la hermandad con el recorrido
mas largo y la que permanece mas tiempo en la calle... hermandades como El
Cerro, La Sed o Santa Genoveva son ejemplos de disciplina nazarena, en donde sus
numerosos nazarenos permanecen todo el recorrido en sus filas, y solo ves
ocasionalmente una madre con un niño pequeño en un bar tomando el bocadillo con
la Fanta, que luego retorna a la estación de penitencia.
El fenómeno macareno es mas cultural que otra cosa, y
no tiene nada que ver con la distancia o el tiempo en la calle; es un desayuno
institucionalizado, en las reglas no escritas del "ser" macareno. Tradición,
antropología o llámelo como quiera, pero es un fenómeno de larga raigambre que
se ha intentado solucionar por muchísimos años sin exito... y como ejemplo los
intentos del Cardenal Ilundain para meter en cinto a la Hermandad de la Macarena
en la década de los 20. Aunque el peor ejemplo del desayuno callejero lo
tenemos en 1923, recojido por el diario La Unión, que nos comentaba un episodio
con los nazarenos de la Esperanza de Triana: "Frente a la parroquia de Santa
Ana, la familia de un nazareno tomaba la mañana a las puertas de un
establecimiento y devoraban unos trozos de calentitos cuidadosamente colocados
sobre la Regla de la Hermandad”
Lo
digo una y otra vez, no hay nada nuevo bajo el sol o la luna de Parasceve (como
diria cualquier relamido pregonero), en nuestras hermandades... cuando vea un
macareno sin capirote poniendose hasta las cejas de calentitos, aunque sepa que
eso no esta bien... sea condescendiente, porque eso está tan arraigado a la
idiosincracia macarena como lo es el no quitarse al capirote bajo ninguna
circunstancia para un nazareno del Gran Poder.
© Concha
R. Worth. 11- II- 2008
correo:
concharw@gmail.com