Mi última visita a la Semana Santa del Sevilla en el
2008 estuvo jalonada de maravillosas experiencias; pero como el dios Jano, con
dos caras, en el reverso de la moneda también están aquellas experiencias que
no fueron precisamente agradables.
La recopilación en mi memoria de esos sucesos y sus
protagonistas, me hicieron recordar la película Amadeus, que no se si la
habrán visto, en la que en la escena final, cuando Salieri se declara el santo
patrón de los mediocres y va guiado en la silla de ruedas por el manicomio,
declara algo así como "mediocres de todo el mundo, os absuelvo". Y es a esos
mediocres, seres insignificantes sin nombres ni apellidos a los que va
dirigido este artículo.
Hay toda una fauna en el mundo de las cofradías que
daría para estudios antropológicos, sociológicos e incluso psiquiaátricos. Una
de estas interesantes especies --en un lenguaje de por andar por casa-- sería
el típico niñato, el quiero y no puedo, los ávidos de protagonismos y poder,
esos jóvenes con casi la cama en la casa de hermandad, de espíritu pelotero y
servil, dispuestos a todo por la soñada posición futura en una junta de
gobierno.
Estos jóvenes codiciosos de protagonismo y ser alguien
en la hermandad, en el momento que se les da un poco de responsabilidad, se
creen Capitanes Generales de sus corporaciones, y con aire majestuoso cual
pavo real mostrando todas sus plumas, medalla al cuello y pin en la solapa,
deambulan en los eventos de sus hermandades cabeza en alto y mirando por
encima del hombro tratando despóticamente a los fieles.
Desafortunadamente me encontré con este especimen
--sin peligro de extinción-- en mi visita a los templos en tiempo de cuaresma;
en concreto en Los Terceros. No se si pertenecía a la Cena o Los Caballos, ya
que ambas corporaciones corpanten templo por las obras en Santa Catalina, que
han obligado a la hermandad de la exaltación a buscar nuevo alojamiento.
Domingo de Pasión, alli estaba yo mas feliz que en unas pascuas, haciendo
fotos como loca, recuperando 16 años sin Semana Santa en Sevilla. Y como yo,
un centenar de personas mas, unos admirando, otros fotografiando... Los pasos
tenian la tipica protección alrededor para que la gente no se dedicara a
toquetear, medida que aplaudo porque la grasa natural que hay en los dedos
dañan el dorado. El paso de Los Caballos estaba en la entrada a la derecha del
templo, pero con un espacio abierto y holgado entre la pared y el paso, en el
me metí (sin salvar obstáculos ni protección) para hacer fotos de las cartelas
de ese costero. A eso que me viene un niñato groseo y de malas maneras
dicendome que me quitara, que ahí no se podía estar. El tipico pavonero que se
cree el Hermano Mayor, pero que su hermandad no le ha dado un cursillo de
buenas maneras y como tratar con educación a la gente. Es mas, si ese espacio
estaba vetado, ¿porqué no lo cerraron a cal y canto antes? Después Mister
Importante movió un banco para bloquearlo.
¿Que necesidad hay de tratar a la gente que va a
admirar a tu hermandad a patadas?, ¿que daño hacemos los que no tocan y solo
hacen fotos; especialmente en los templos porque sabemos que en la calle es
dificil acercarse al paso? ¡¡...Después, todos estos no meapilas, sino
meaestandartes, les encantan visitar webs como estas y encontrarse buenas fotos
de los detalles de los pasos...!!
El
otro niñatito me lo encontré alrededor del paso de Cristo de los Gitanos, en la
mañana del Viernes Santo por Almirante Apodaca. Un niño enjuto que no llegaría a
la veintena y cuyo pasatiempo la semana anterior seguro era el explotar los
barrillos de la cara, pero ese dia "boina verde" protector del paso se dedicaba
a empujar a la gente para que no se arremolinara alrededor del mismo ni cuando
estaba parado; lleno de sí, engreido "fiscal de paso", nos lo puso muy dificil a
todos los que tratabamos de sacar una foto decente.
Así
llegamos al Sábado Santo. En la calle Alfonso XII no cabía un alfiler, y poco
mas adelante de la entrada del Duque había una bulla espantosa: los que desde la
Campana intentaban llegar a Alfonso XII o cerca del Corte Inglés; los que como
yo y mi comadre intentabamos desde Alfonso XII ponernos en la plaza a una
distancia y alejados de la bulla; y los que estaban en la plaza intentando
llegar a Alfonso XII o Campana... Un tapon en donde no se podia mover casi
nadie, pero que los sevillanos con años de experiencia a sus espaldas en una
bulla, y con estóica paciencia saben bandear esa situación, moviendose poco a
poco siguiendo la corriente de esa marea humana, y entre aquellos que no piensan
moverse, se mueven como aceite en una piscina de agua llena de obstáulos.
Pues alli apretujados tambien estaba un miembro de la
Policía Nacional, un tio como un trinquete con un ataque de histeria porque
seguramente no podia controlar la situación, gritandole a todo el mundo, y a mi
por poner mi mano en su espalda para mantener la distancia (mejor la mano que el
careto), gritandome que no lo empujara; ¡¡...menudo impresentable..!!. Este
miembro del orden público, que se manejaba con supina estupidez en semejante
situación, clarmente no era sevillano ni estaba acostumbrado a una bulla. Fruto
seguramente de una guarnición de refuerzo proveniente de Badajoz o Dios sabe de
donde, que tiene una experiencia 'cero' con una bulla. Si la policia tiene que
mandar personas de otras localidades, lo mínimo sería hacerles una evaluación
psicológica para ver si padecen
demofobia o
agorafobia. O que pasaran por una
sesión de entrenamiento en la que en una habitación 5m x 5m metan a 200 personas
con el policia tratando de ir de la puerta A a la puerta B.
Domingo de Resurreción
en Sevilla; y este dia que con tristeza despedimos nuestra Semana Santa, resultó
también ser la perla de la infamia.
El Domingo de Resurreción es un día estupendo para
visitar iglesias y ver pasos. No tienen el explendor del Domingo de Ramos, con
las flores frescas y la cera sin derretir; pero si el encanto poético del paso
exhausto de vivencias, devoción y esa útima saeta aún latente en la encarnadura
de las imágenes. Es además el día en que mejor puedes disfrutar de cada detalle
de los pasos, cada recoveco de la talla o el cincel... ya que las iglesias
suelen estar practicamente vacías, y puedes admirar reposadamente, asimilando en
cada poro de tu piel la gloria de la Semana Santa de Sevilla.
Tras un peregrinar por varias iglesias, llegué a San Nicolas, para ver la
Candelaria, tan vinculada con mi familia. La iglesia estaba abierta y totalmente
vacia, ni un alma. Alli aproveché para hacer fotos tras la reja a las insignias,
los detalles de los pasos y los retablos de la iglesia. Cuando estaba enfrascada
en sacar cada detalle que pude del paso de Nuestro Padre Jesús de la Salud, y
fotografiando el costero izquiero, un señor que poco antes apareció preparando
el altar para la misa, colocando el leccionario para las lecturas en el atril
etc, me vino de mala manera diciendo que no podía sacar fotos, que me quitara de
alli. Me explico, en ese lado habia bancos, pero muy retirado de los pasos y con
un espacio extremadamente holgado entre ellos y el paso. El primer banco estaba
mas cernano al paso, pero no puesto como una barrera, mas bien acondicionado
para los fieles para la misa. Le dije que no estaba tocando nada, que solo
estaba haciendo fotos, a lo que me reincidió que ahí no se podía estar para
hacer fotos (a esto, a parte de este señor habiamos entonces tres personas en la
iglesia, ni una sentada para la misa); a lo que le dije si podía hacer fotos
desde allí (señalando el altar a la cabecera de la nave de la epístola, al menos
a 10 metros del paso) lejos del paso, y los bancos; y me dijo que desde alli
tampoco podía hacer fotos. En ese momento estaba que echaba leches, y si no
fuera por el tamaño aparente normal de su cabeza hubiera pensado que un jíbaro
habia estado jugando con ella, aunque quizá lo hizo y lo que había reducido era
el cerebro al tamaño de una nuez; pudiendole dar mejor uso a la cabeza y usarla
como maraca. No salía de mi asombro. ¿Como es posible que semejante
impresentable estuviera a cargo de los pasos?
Que se creía este señor, ¿que los pasos tenían
selafobia
e iban a salir corriendo? o ¿pensaba que podía hacele daño con los flash?; lo
dudo, porque semejante individuo no creo que en su vida haya oido hablar de un
luxometro
ni la formula matemática lux/hora que se emplea en los museos para la protección
de las obras de arte de la luz. A parte, la luz de los flash es blanca, y menos
dañina que la luz natural que está cargada de rayos ultravioleta. No, este señor
que seguramente tiene el coeficiente intelectual de un picaporte, dudo que se
enfrascara en estas cávilas para que yo no pudiera hacer fotos.
En resumidas cuentas,
todos estos ejemplos no son mas que una cuestión de poder, de ejercer la santa
voluntad de estos individuos y manipular los destinos de otras personas.
Paniaguados que fuera de estos circulos cofradiles no son absolutamente nadie.
Mediocres que no han logrado nada en la vida, y que el día en que mueran ellos y
aquellos que lo conocieron, nadie los recordará, y no serán mas que una
estadistica de población en un libro de historia.
Evocando a Salieri en el comienzo de este artículo; mediocres de todas las
hermandades, os absuelvo. Avidos de poder y protagonismo, llegastais al Edén de
la fama a traves de este artículo, y ahora sois inmortales por insignificantes.
©
Concha R. Worth. 14-VIII- 2008
correo:
concharw@gmail.com