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José María Leal Bernáldez.  Una promesa de la imaginería sevillana hecha realidad.

Por Pedro Ignacio Martínez.
Doctor en Historia del Arte.

 Quinta Parte.

 

1.3.5. Figuras decorativas de pasos procesionales e insignias:

     Comúnmente, la imaginería de las decoraciones de los pasos e insignias procesionales son piezas individuales o conjuntos artísticos ornamentales, representaciones distintivas, ilustraciones, testimonios gráficos y didácticos, que describen y simbolizan personajes concretos y/o pasajes secuenciados de las Sagradas Escrituras, mediante figuras, relieves, emblemas, estandartes, escudos, cartelas, hornacinas, etc…

     En definitiva, son imágenes reales específicas de signo corporativo, que hacen patente visual e icónicamente las verdades de fe, dogmas, y tradiciones narrativas sagradas, logotipos, elementos distintivos, etc…, como señas de identidad de una corporación religiosa.

     Cada vez más las Hermandades solicitan este tipo de trabajos decorativos para sus pasos, no sólo en Sevilla, sino en todo el resto de España.

     Generalmente, estas figuras forman parte de un programa iconográfico general y completo o de unas formas de identificación orgánica que quedan relegadas a un segundo plano, pues todas ellas, finalmente, estarán siempre al servicio y/o en función de las figuras principales, el Cristo ó la Virgen, titulares de las Hermandades. Por tanto, su objetivo principal, como queda dicho, se centrará en reforzar esas señas de identidad o en subrayar el esplendor y el mensaje de la liturgia sagrada dentro de un entorno determinado concreto.

     Brevemente, repasaremos ahora los referentes iconográficos más significativos de la Semana Santa hispalense en los pasos de Cristo.

     Siempre los tuvimos presentes, entre otros, en el prototipo del Paso del Gran Poder decorado espléndidamente por Francisco Ruíz Gijón en el siglo XVII, y, algo más tarde, en el popularmente conocido como “Paso de los Caballos” de la Hermandad de Santa Catalina engalanado concienzudamente por Pedro Roldán, o, algo posteriormente, en el de Nuestro Padre Jesús Nazareno del Silencio decorado con ángeles ceriferarios en 1.726, y, ángeles querubines en su canasto en 1.902.

     También, muy representativo de este estilo de decoración y ornamentación peculiar de los pasos, pero ya realizado en el siglo pasado, recordaremos, como un buen ejemplo, el del “Cristo de la Providencia” de la Hermandad sevillana de los Servitas (1.981), “paso resumen” de los mejores escultores decoradores de la centuria anterior Luis Ortega Bru y Fancisco Buiza Fernández, sin olvidar, también, las interesantes aportaciones decorativas realizadas por Rafael Barbero Medina en otras andas, como por ejemplo, en las de la Hermandad sevillana de las Penas de la parroquia de San Vicente.

     Con todos estos y otros artistas, que ahora por razones de espacio no nos detendremos en mencionar, la decoración de los pasos pasará de ser considerada como una pieza artesanal-decorativa, a ser ya una auténtica obra de arte con independencia y características propias genuinas.

     La estela de los excelentes trabajos decorativos que realizara Francisco Buiza en su faceta ornamental, a lo largo de su carrera profesional, embelleciendo los pasos y algunos de los símbolos de los cortejos procesionales en Hermandades hispalenses como Montesión, Santa Genoveva, San Benito, El Museo, Los Gitanos, etc…, con sus magníficos Evangelistas, cartelas, ángeles, insignias etc..., ha dejado una huella imborrable en el arte sevillano, y, ha seguido siendo continuada por sus discípulos y seguidores.

     Este insigne escultor, Francisco Buiza, como gran precursor y su posterior Escuela de seguidores han definido todo un “estilo escultórico de decoración de ángeles”, todo un arquetipo o sistema icónico de tipologías de representaciones angelicales muy característico y peculiar.

     Pues bien, enlazando con estas breves, pero fundamentales ideas introductorias, que hemos considerado ineludibles para centrar el tema de este apartado, nos encontraremos con una serie de obras muy interesantes del escultor que ahora nos ocupa José María Leal Bernáldez.

     Es en esa perspectiva profesional de “escultor decorador”, será en la que ahora nos detendremos para valorar su obra.

     En el año 2.007, coincidiendo con el 50 aniversario de la primera salida procesional del paso del Cristo de las Almas de la Hermandad sevillana de los Javieres, llevará a cabo la realización de los cuatro ángeles que llevan en sus manos atributos pasionistas para decorar las esquinas del canasto.

     Esta pasará a ser ya su primera gran obra para la Semana Santa de Sevilla.

     Leal tomará en este trabajo como claro referente a su admirado antecesor Francisco Buiza Fernández, el gran “escultor de los Niños Jesús y de los ángeles”. Por eso, apenas se alejará de las composiciones y representaciones convencionales de los ángeles querubines de la “Escuela buizenca”, aunque, no obstante, incorporará pequeños préstamos de la estatuaria italiana clásica imprimiéndoles así en los gestos del rostro una mayor tristeza que la que solía dibujarles el maestro carmonense, reforzando para esta ocasión el tono melancólico y pasionista de sus miradas con la colocación de las lágrimas de cristal que salen de sus mejillas.

             

     El modelado de este tipo de figuras delicadas de los ángeles requiere una larga práctica, especialmente, en lo que se refiere a la construcción de su cabeza y en la acertada armonía con la que se dispongan las proporciones de sus extremidades y cuerpos infantiles.

     José María Leal se esforzará en potenciar en estas figuras angelicales el modelado suave en el rostro con una estructura compositiva de redes diagonales imaginarias que surgen por el extremo exterior de las cejas, y pasan por los ángulos de la boca, hasta acabar en el eje central de la base de la barbilla. Para acentuar aún más si cabe en sus caras los rasgos de su anatomía infantil, dibujará con su palillo de modelar cejas poco marcadas y labios carnosos, redondeando los ángulos de las mandíbulas, suavizando sus mejillas para que no se noten los músculos, y, resaltando los cartílagos fibrosos de los pabellones de sus orejas. Leal representará a sus ángeles con abundante pelo espeso moreno y rizado, con sonrosados mofletes, y, cuerpecillo de niño regordete.

     La composición general de estas figuras las completará con detalles o pormenores muy cuidados, por ejemplo, proporcionando adecuadamente el tamaño de las manos y los pies de sus angelitos, gorditos y rodeados de un marcado pliegue que sugiere la capa de grasa del cutis infantil, y, colocando en el extremo de los dedos en vez de nudillos, delicados hoyuelos.

     Las encarnaduras de las pieles desnudas de sus cuerpos se vuelven después verdaderas protagonistas que reflejan la luz del entorno del paso, sólo rotas por el fulgor de las policromías del paño de pureza y de las dos alas estofadas entonadas en colores azules y rojos. Alas originarias, derivadas de las representaciones de estos seres voladores en las antiguas culturas india, persa, egipcia, babilónica, y, grecorromana, que aparecen prendidas a sus cuerpos con espigas de madera.

     Son figuras que están realizadas en madera de cedro, que aparecen dispuestas en posición sedente, midiendo una altura de cincuenta y cinco centímetros, y, portando en sus manos atributos pasionistas plateados, recordatorios del suplicio sufrido por Cristo: El látigo con flagelos y los tres clavos en la pareja de ángeles de la delantera del paso, y, la lanza y el hisopo en los de las esquinas traseras.

     Estos ángeles pasionarios fueron presentados por su autor en un acto celebrado en el Salón de Cabildos de la Hermandad de los Javieres en el mes de Marzo de 2.007, siendo Hermano Mayor D. Jesús Gutiérrez. Pero, debido a las inclemencias del tiempo no pudieron salir en procesión en esa misma Semana Santa, hasta que, finalmente, lo harían en el año 2.008, alcanzando muy buena crítica artística de la prensa especializada.

     Tras el éxito cosechado en la realización de estos ángeles pasionistas de los Javieres, y, justamente en el mismo recinto de la Parroquia hispalense de Omnium Sanctorum, Leal Bernáldez va a recibir otro encargo, esta vez; de la Hermandad del Carmen Doloroso para llevar a cabo el programa decorativo del Paso del Cristo de Nuestro Padre Jesús de la Paz.

     Este paso de estilo neobarroco iluminado con candelabros de guardabrisas, ha sido tallado por Francisco José Verdugo Rodrigo, sobre diseño de Francisco Reyes Villadiego, y, su dorado ha sido realizado por Justiniano Sánchez Mesa y Abel Velarde Medrano.

     El programa decorativo escultórico desarrollado por José María Leal tiene previsto contar con escenas del Nuevo Testamento y representaciones de varias imágenes de destacados beatos o santos sevillanos.

     Al finalizar, deberían quedar reflejados los siguientes pasajes evangélicos y/o figuras:

I) Una alegoría de la Hermandad:

     Imaginería compuesta por dos figuras de ángeles del Señor exentas (regatón), situada sobre el frontal de la canastilla en su parte central. Uno de los ángeles sostiene en su mano derecha una rama de olivo símbolo de la Paz, y, el otro porta un ancla aludiendo al Patronazgo marinero de la Virgen del Carmen. Las piezas de orfebrería fueron realizadas en plata de ley por el orfebre Joaquín Osorio

     

     

II) Relieves con escenas:

  1. “La Santísima Trinidad”.
  2. “Jesús entre los Doctores”.
  3. “Bautismo de Jesús”.
  4. “Bodas de Caná”.
  5. “Jesús con la samaritana”.
  6. “La pesca milagrosa”.
  7. “La Transfiguración”.
  8. “Jesús en casa de Marta y María”.
  9. “La mujer adúltera”.
  10. “Jesús, en el pasaje en el que los niños se acercan a él).
  11. “Expulsión de los mercaderes del templo”.
  12. “El dinero del César”.

III) Relieves con figura:

  1. “Madre María de la Purísima”.
  2. “San Isidoro”.
  3. “San Leandro”.
  4. “Santa Ángela de la Cruz”.
  5. “Madre Dolores Márquez”.
  6. "Miguel de Mañara”.
  7. “Beato Marcelo Spínola”.
  8. “Doña María Coronel”.
  9. “Santa Justa”.
  10. “Santa Rufina”.
  11. “San Hermenegildo”.
  12. “San Fernando”.

     El 14 de Febrero de 2.008 en el Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla, y con la asistencia del Hermano Mayor del Carmen Doloroso D. Antonio Saldaña Sánchez, el escultor D. José María Leal y el Presidente de la entidad colaboradora D. Salvador Casado Sosa, se presentaron los estrenos para la Semana Santa del 2.008: Tallas, dorados, ángeles alegóricos, cartelas, ángeles querubines, y, el nuevo llamador del paso del Misterio, este último, obra de Álvaro Flores Rojas, que representa la entrada triunfante de San Fernando en la ciudad de Sevilla en el año 1.248.

         

     La salida procesional del año 2.008 nos sirvió para que conociéramos ya en toda su plenitud la primera fase de la decoración del frente de la canastilla decorada con tres cartelas: La de la Stma. Trinidad en el centro, San Leandro a la derecha y San Isidoro a la izquierda.

     Por otra parte, las dos cartelas laterales que ha dado tiempo ya a realizar representan a la Madre Dolores Márquez Romero de Onoro (1.817-1.904), precursora de la Congregación de Religiosas Filipenses Hijas de María Dolorosa, cuyo proceso de beatificación y canonización está ya abierto, y, a Santa Ángela de la Cruz (1.846-1.932), la fundadora de las Hermanas de la Cruz.


 

     El trabajo del dorado de las cartelas quedó a cargo de Justiniano Sánchez y Abel. Estas láminas que adjuntamos de los procesos de realización de las cartelas y de los tondos de San Isidoro y San Leandro, sirven para ilustrar la forma y la manera en que se han llevado a cabo los procedimientos técnicos de la talla de la madera de cedro, como se aplicaron las policromías en su capa base, y, cuál es el resultado final de las terminaciones de los estofados de las piezas por parte del escultor.

     La excelente talla de la canastilla del paso quedará decorada finalmente con 30 ángeles voladores. Entes individuales humanizados con alas, que nos seducen por la gracia de su belleza, como representación de la tropa celestial que habita en el cielo.

     La mayoría de las religiones y la Teología afirman la existencia de los ángeles. Pues, en el caso concreto de la Iglesia Católica, los ángeles son una verdad de fe.

     Siempre, la “Angeología”, en sus diversas esferas, jerarquías o niveles, ha estado presente como protagonista de las Sagradas Escrituras. De acuerdo con la religión cristiana, los ángeles son seres espirituales que Dios creó antes que Adán y Eva. De ahí, su enraizada importancia.

     En el Nuevo Testamento, los ángeles siempre aparecieron en los momentos claves de la vida de Jesús, pues son colaboradores de Cristo en la obra de la Salvación.

     En esta ocasión nuestro escultor-imaginero los representará como ángeles querubines ó espíritus celestes, con cuerpo humano y alas, utilizadas como vehículo de transporte por la tierra, flotando ordenadamente por el espacio del canasto del paso, solos o en parejas. El artista se esforzará en hacer ver material o visiblemente lo que es un ser invisible, representando así unas figuras infantiles a las que conferirá el aspecto físico de humanos.

     La etimología del nombre querubín es hebrea, "kerub" (cercano, próximo), significando: "Aquel que intercede", o, "el que tiene plenitud de conocimiento en sí mismo", "rebosante de sabiduría". Por tanto, la vibración que se le aplica al querubín es la sabiduría, el ángel como una emanación directa de la imagen de Dios.

     Ángeles mensajeros, espíritus de de la Paz de Dios, que se transforman alegóricamente en la decoración del paso en puentes de unión entre Dios y el hombre.

     Durante una de sus visiones, según nos cuenta el propio San Juan en su libro del Apocalipsis, presenció cómo los querubines servían en el trono de Dios:

“Y en la visión ví y oí la voz de una multitud de ángeles alrededor del trono, y su número era de miriadas de miriadas y millares de millares”, Apocalipsis (II. Visiones proféticas, 5,11).

     Según, el Pseudo Dioniso Aeropagita, (entre siglos V – VI d. J. C.), en su Tratado sobre la jerarquía celestial, primer y más clásico estudio sobre la “Angeología”, los querubines pertenecerían al segundo coro o esfera de la primera jerarquía celeste.

     Pues bien, en el frontal de este paso del Cristo de la Paz de la Hermandad del Carmen Doloroso, podemos contemplar cuatro de estos ángeles querubines, dos en los laterales sobrevolando a los santos Isidoro y Leandro, y, otra pareja de ellos afrontada escoltando lateralmente y en un plano escalonado la cartela central con el motivo de la Santísima Trinidad.

     Cuando se termine la decoración de este paso, tendrá un total de treinta ángeles, cuatro distribuidos en su delantera, más los dos ángeles alegóricos antes mencionados, otro cuarteto colocado en la parte trasera, y, dos tandas de diez situados en los costados laterales.

     Los ángeles querubines repartidos por el canasto, audaces y suspendidos en el aire, se asemejan a un ejército celestial, como si fueran los guardianes de la gloria de Dios, que con su luz tientan nuestras vidas, manifestando la sabiduría y la prolongación energética divina.

     A la hora modelar estas figuras infantiles aladas, Leal tiene presente una trilogía que define claramente sus composiciones angélicas: La construcción, la anatomía, y el sentimiento. Todo ello, subrayado por una cuidada policromía de fundidos y frescores de tonos muy suaves que refuerza las encarnaduras de sus cuerpos redondeados y la serenidad profunda de sus rostros idealizados.

 

1.3.5.1. Decoración de insignias:

     En 2.008 Leal realiza una pareja de “ángeles pasionarios”, que acompañarán la decoración de la Cruz de Guía de la Asociación de la Sagrada Mortaja de Jerez de la Frontera (Cádiz).

     La Cruz en cuestión es del tipo conocido como cruz Patriarcal de inspiración bizantina, a veces, también llamada de Caravaca ó de Lorena, que se atiene en su diseño a la leyenda que cuenta cuando Santa Elena localizó en el Gólgota cinco trozos de madera pertenecientes al madero sagrado, símbolo del cristianismo.

     Cruz Patriarcal de madera de doble travesaño, realizada por Francisco Bailac, compuesta por tres líneas que se cortan perpendicularmente, una vertical y dos traviesas horizontales, paralelas y de distinto tamaño. También, se le conoce como cruz de doble traversa que recuerda la forma del pectoral del Patriarca de Jerusalén.

     Según nos informa el erudito Vicente de la Fuente: “El segundo travesaño, ó traversa menor, de la Cruz patriarcal representa el rótulo de la Santa Cruz puesto sobre ella, como dice el evangelio, y que solía ser una tabla que expresaba el delito por el cual era crucificado el reo, el cual la llevaba colgada al pecho al marchar al suplicio”.

     Por tanto, la barra de arriba representaría simbológicamnete la inscripción que colocó Pilatos sobre la cruz.

     Esta cruz abre las procesiones y cortejos como símbolo religioso más común en la Cristiandad, símbolo que representa la tortura recibida por Jesús en su crucifixión.

     Esta pareja de ángeles querubines, mensajeros y espíritus de Dios, aparecen colocados entre las dos barras o traversas, representados simbólicamente como “ángeles de discernimiento”, pues nos recuerdan con sus atributos pasionarios el martirio recibido por Jesús para liberarnos de nuestros pecados y favorecer nuestra redención como cristianos.

     Están representados como infantes con alas indicativas de su capacidad de desplazamiento y traslado, sin dejar de concederles un aspecto sacro, y, portan en sus manos iconos pareados muy significativos, como reliquias santas, realizados en la orfebrería sevillana de los Hermanos Delgado en plata de ley: El martillo y la corona de espinas, y, los tres clavos y la cartela con el Inri. Todos ellos, herramientas o utensilios que hacen referencia a la protección del bien y a la derrota del mal, atributos alegóricos que son una expresión simbólica de los sufrimientos padecidos por Jesús en su Pasión.

     El material en el que están tallados estos angelitos es la caoba, una madera duradera, prieta, fuerte y de gran belleza, que permite trabajar y acercarse más a la plasmación de los pequeños detalles anatómicos.

     Como suele ocurrir en los ángeles de Leal, estos llevarán también una especie de moño tallado en sus cabezas. Son sedentes y miden unos veinticinco centímetros de altura.

 

1.3.6. Otras figuras secundarias de la Pasión:

     Este apartado puede ayudarnos a comprobar otra de las características o rasgos personales del carácter y la forma de ser de José Leal, su constante insatisfacción y el espíritu de superación que nos muestra en sus composiciones.

     En estas figuras secundarias que ahora vamos a contemplar, el escultor estudiará a fondo las circunstancias del encargo que recibe, y, aprovechará la ocasión para emplear esquemas anatómicos que suponen para él una revisión, un análisis y una observación de las distintas actitudes y posiciones que buscan la esencia de la imagen de las personas.

     Por lo general, sus retratos van a procurar buscar la expresión del carácter y la penetración psicológica a partir del conocimiento de los rasgos faciales y el funcionamiento de los músculos de la cara, haciendo estudios e investigaciones basadas en el arte clásico tradicional, y, llevando a cabo, un nuevo examen de las obras importantes del “universo imaginero” heredado.

     El viaje que nuestro escultor realizará por Italia y Austria en el año 2.007, le llevaron a visitar Galerías y Museos de ciudades como Milán, Florencia, Roma o Salzburgo. Desde entonces, el propio escultor reconoce que hay un antes y un después en su obra, sobre todo, en lo que se refiere a una nueva concepción general de las composiciones constructivas de sus piezas.

     Ya podemos observar en ellas, como hay una mayor preocupación por la globalidad de sus construcciones y una influencia más marcada procedente de la estatuaria de la Escuela italiana, concretamente, de la obra de artistas como la del boloñés Alessandro Algardi (1598-1654), ó, la del milanés Antonio Tantardini (Milán, 1829-1879).

     Desde estas fechas, también Leal se ocupará de dedicar “tiempos muertos” para hacer revisiones de la estatuaria clásica griega y romana, y reflexionar, sobre todo, en las formas de fabricar las figuras, especialmente, en aquellas del periodo de la “época de Augusto”, que le resultarán de especial interés por su clasicismo en el tratamiento que hace de los volúmenes, y, por su tendencia hacia unas formas ligeramente más idealizadas, o, por ejemplo, en todo lo que se refiere, al interés tan especial que tiene por el tratamiento de los cabellos.

     También, de este mismo período augusteo le interesará mucho conocer sus planteamientos escultóricos ornamentales y decorativos, incluso, por ese toque tan fantástico que presenta en ocasiones.

     Toda esta preocupación constante por su formación y su reciclaje profesional, le lleva en la actualidad a estudiar y analizar en profundidad la obra del polifacético artista Mariano Benlliure y Gil (1.862-1.947), en su interés por el estudio minucioso del natural y por la construcción del volumen en el barro, o, a revisar, intencionadamente una vez más, la estética ecléctica y los conceptos tan profundos que transmite la magnífica imaginería dieciochesca del académico y escultor Luis Salvador Carmona (1.708-1.767), para irse así desprendiendo, poco a poco, de su estrecha vinculación con la “herencia buizenca” a la búsqueda, en definitiva, de una forma más personal de hacer su “imaginería propia”.

     De este período del comienzo de la madurez artística en la obra de José María Leal, que ahora estamos comentando, tenemos algunos ejemplos de figuras secundarias que ahora pasaremos a comentar: Judas Iscariote (2.008) para la Hermandad del Lavatorio de Cabra (Córdoba), el Romano (2.008), obra sin terminar aún, para la Hermandad del Cautivo de Moguer (Huelva), y, El Centurión Casio (2.008), obra sin finalizar todavía, para la Hermandad onubense de la Fe.

     A Judas Iscariote lo representará con la cabeza cubierta por el turbante, presionando contra su pecho una bolsa con monedas y ofreciéndonos el gesto desairado de negar a Cristo con la mano izquierda, mientras intenta eludir a toda costa la situación embarazosa, adelantando el paso y desentendiéndose de la escena que queda detrás a sus espaldas.

           

     José María Leal se concentra en la tarea cotidiana del día a día con la ayuda de su mente y sus manos para conseguir los volúmenes más adecuados, calculando sus proporciones exactas, vaciando la masa de barro, quitando o poniendo el espacio necesario, imaginando sombras o luces, perfilando las superficies, aprovechando la fuerza de las aristas de sus perfiles, o seduciendo las curvas de sus modelados para obtener una bella pieza escultórica.

     Así, por ejemplo en Judas Iscariote, o en las figuras de los romanos, entre otras de sus obras, nos ofrecerá su versión particular de los retratados.

     Estas figuras secundarias de Leal son figuras de cuerpos esbeltos con canon de proporción clásica, y efectos de dinamismo en la posición de sus brazos y/o en el apoyo de las piernas. En sus rasgos anatómicos se puede observar una preocupación por una buena construcción del cráneo óseo, o, por la miología específica de la musculatura de su arquitectura facial, especialmente centrada, en una preocupación por el diseño amplio de las sienes y de la expresividad de sus ojos, en el trazo acentuado de sus narices rectas, o, en el estudio muy detallado de los músculos bucinadores que mueven la boca en el gesto.

     También, le da mucha importancia a la estructura de la composición y el modelado del adorno y la compostura de sus cabellos o de sus barbas imitando en unos casos las fibras del cabello natural, y, en otras representándolos como masas compactas de pelos idealizados.

     Para Leal, la estructura de la cabeza es anatómicamente como una esfera a la que se va adaptando el dibujo de los cabellos, y, como si se tratara de una figura de maniquí, comienza a construirle ya la arquitectura del pelo sobre el cráneo, “peinándola” mediante una técnica en la que va poniendo sucesivamente el pelo por capas desde donde nace hasta que termina, siguiendo una construcción lógica que irá mezclando con elevaciones insinuantes, texturas diversas, y, ángulos conectores curvados que vayan uniendo los perfiles de los mechones y hebras de sus melenas.

     Mechones suaves y ondulados que se irán ajustando a la forma de la cabeza, labrados al igual que la barba partiendo del nacimiento del cabello, unas veces lacio, otras insinuando su ondulación, y, en ocasiones rizados, identificados por tener una forma más acentuada, sobre todo, en los extremos.

     En ocasiones, como en el caso de la figura de Judas Iscariote, su pelo suele cubrir una de sus orejas, otras veces, distribuye sus cabelleras repartiéndolas en dos mitades desde la frente.

     En cuanto, a la melena de sus figuras las representa largas hasta los hombros, o, como en el caso de los militares romanos, de pelo de corte marcial más corto, que les llega hasta la nuca.

 

     Para todas estas faenas del tratamiento técnico de la elaboración del cabello y de la melena de sus figuras usa como herramientas básicas: Sus propias manos, un set o juego de palillos de madera para dar forma y modelar el barro, vaciadores dobles o simples de acero inoxidable con los que puede retirar la arcilla que le sobre, y/o, punzones metálicos y espátulas de hierro, que compró en el viaje que realizó a Italia, concretamente, en la ciudad de Turín.

 

1. 3.7. Restauraciones:

     Otra de las facetas artísticas que viene desarrollando José María Leal es la de restaurador y conservador de imágenes religiosas.

     Dice el refrán: “El tiempo no pasa en balde”.

     Evidentemente, para la Historia de la Restauración artística de las imágenes religiosas, esta máxima será muy aplicable y ajustada a su caso.

     En el ámbito de la restauración de las imágenes sagradas, ha surgido una evolución importante a lo largo del pasado siglo XX, que ha desembocado finalmente, en las últimas décadas de la pasada centuria, en una transformación evidente de los planteamientos generales del abordaje de las restauraciones, de los trabajos de los estudios previos e informes relativos al estado de la conservación de las figuras, de los propios proyectos de intervención de las mismas, y, de los recursos y técnicas de restauración y conservación utilizadas por los imagineros actuales.

     El natural “biodeterioro” de las tallas causa alteraciones en las mismas, debido al conjunto de procesos bioquímicos que se irán produciendo con el transcurrir de los años.

     Cuando las imágenes sagradas son víctimas de ese paso del tiempo y de esa progresiva degradación, del ataque de los insectos, de los factores microclimáticos que afectan a cada pieza en particular, de los cambios de la climatología en sus recorridos procesionales, sobre todo, del sol y de la lluvia, de la incorrecta conservación de las mismas, o, de las restauraciones incorrectas y desacertadas, etc..., los buenos restauradores aportarán las recetas necesarias y adecuadas para resolver los problemas y devolver el aspecto decoroso y saludable a las figuras restauradas.

     Cada vez es mayor la preocupación que las Cofradías tienen por su patrimonio artístico y por la conservación adecuada del mismo.

     Así, encontraremos a José María haciendo las funciones de Conservador del Patrimonio escultórico de varias Hermandades como: La Quinta Angustia y la Trinidad en Sevilla, Sanidad de Cádiz, o, el Gran Poder de Los Palacios (Sevilla). En ellas realiza revisiones anuales o bianuales de sus figuras en función del estado de las mismas.

 

     Dentro esta tónica generalizada el taller de José María Leal ha llevado a cabo ya más de una treintena de restauraciones, numerosas imágenes afectadas por el paso del tiempo, generalmente, en sus ensamblajes, estucados, o deterioradas en la capa de policromía.

Para no extendernos demasiado facilitaremos brevemente la relación de las más significativas:

  • 2.001. Cristo de la Buena Muerte. Parroquia Omnium Sanctorun.
  • 2.003. Caballo de la Hermandad de la Lanzada de Ayamonte (Huelva).
  • 2.003. Divina Pastora de Moguer (Huelva).
  • 2.004. Virgen de la Soledad. Moguer (Huelva).
  • 2.007. Santos varones de la Hdad. de la Quinta Angustia de Sevilla.
  • 2.007. Cristo Yacente. Cofradía de Nazarenos del Santo Entierro de Manzanares (Ciudad Real).
  • 2.007. María Stma. de la Estrella de la Hermandad de la Borriquita de Chiclana de la Frontera (Cádiz).
  • 2.007. Cartelas y arcángeles que rodean los respiraderos del Paso del Cristo de las Almas de la Hermandad hispalense de los Javieres.
  • 2.008. Santas mujeres de la Hdad. De la Quinta Angustia de Sevilla.
  • 2.008. San Cayetano. El Pinoso (Alicante).
  • 2.008. Virgen de la Salud de la Hermandad de la Sanidad (Cádiz). Colabora J. Alberto Pérez Rojas.
  • 2.008 Magdalena y ángel Hdad. de la Trinidad. Sevilla. Colaboración de J. Alberto Pérez Rojas.
  • 2.008. Virgen del Carmen. Salteras (Sevilla). Colaboración de J. Alberto Pérez Rojas.
  • 2.008. Ntra. Sra. del Prado. Parroquia de Sta. Cruz. Sevilla. Colaboración de J. Alberto Pérez Rojas.
  • 2.009. Romano de la Hermandad de la Bofetá. Sevilla. Colaboración de J. Alberto Pérez Rojas.

     De todos estos trabajos de restauración Leal guarda un buen recuerdo, pero muy especialmente, de los que realizó en su Hermandad de la Quinta Angustia a los Varones y a las Marías, y, una satisfacción especial, por haber tenido la oportunidad de restaurar la imagen de la Virgen de la Salud de la Hermandad de la Sanidad de Cádiz, obra de su admirado Francisco Buiza.

     En términos generales, José María Leal practica una restauración de buena calidad, marcada en muchos casos por los imperativos de la devoción popular y la presión habitual de la clientela.

     Estas primeras restauraciones realizadas, satisfacen mucho el innato espíritu investigador de nuestro escultor, pues con su práctica conoce nuevas técnicas y formas de trabajo de sus antecesores en el oficio. Además, estos trabajos directa o indirectamente van influyendo e incidiendo también sobre su propio estilo.

     Aportamos ahora con brevedad su opinión personal sobre el tema que tratamos: “Siempre suelo decirle a los clientes que restaurar no debe ser reformar sino conservar la obra, no soy amigo de hacer reparaciones a medias tintas sino de procurar hacer las restauraciones de una manera científica y concienzuda, usando siempre en las mismas los materiales de máxima calidad”.

     Los restauradores que siguen esta llamada corriente “científica” suelen aplicar y emplear para sus restauraciones muchas más técnicas instrumentales y medios tecnológicos de examen no destructivos que los “artesanales”, lo que les ayudará a determinar mejor, cuáles han sido los agentes de los biodeterioros intrínsecos y extrínsecos que hayan sufrido las imágenes dañadas.

Este método de trabajo conlleva, generalmente, las siguientes fases de intervención:

  1. Análisis previo y detección de los daños de la imagen por métodos visuales tradicionales y medios tecnológicos modernos.
  2. Fijación de la capa pictórica.
  3. Tratamiento de soporte.
  4. Limpieza.
  5. Tratamiento de estucado.
  6. Reintegración cromática.
  7. Pátinas y barnizado finales.

     Para finalizar, y, a manera de recapitulación, teniendo en cuenta toda las características de la obra que hemos analizado y revisado en las diferentes entregas de este artículo, tanto civil como religiosa, José María Leal nos ha demostrado sobradamente sus capacidades y habilidades para recrear los mecanismos de la plástica escultórica neobarroca, tomando como punto de partida sus enseñanzas iniciales recibidas en los talleres tradicionales y en la Facultad de Bellas Artes sevillana.

     Cada vez su obra ha ido desarrollándose y adquiriendo un estilo más personal y distintivo, y, sus maneras de trabajar están siendo más reconocidas por la crítica artística y por la clientela, lo que, sin duda, ya lo fortalece profesionalmente, haciendo presagiar que estamos ante una de las figuras más emergentes y con mayor proyección; en definitiva, ante uno de los artistas más interesantes del panorama actual de la Imaginería religiosa del primer tercio del siglo XXI en la ciudad de Sevilla.

    No dudando, por otra parte, que su versatilidad artística nos deparará seguro en el futuro, nuevas obras de gran interés.

     Finalmente, concluiremos diciendo que, José María Leal Bernáldez con su renovado arte sacro, nos enseña a mirar con nuevos ojos las representaciones tradicionales de los pasajes evangélicos, entendidos como un nexo de unión entre Dios y el hombre, para que la fe del creyente contemporáneo siga teniendo un referente visual escultórico andaluz y sevillano más actualizado, y, se mantenga viva, a través de las representaciones de estos iconos religiosos, la necesaria tarea de catequizar y persuadir al orante de que el perdón de los pecados se puede lograr, entre otras cosas, si se reza e implora ante las imágenes devocionales esculpidas por nuestros artistas.

 

* Nota: Fin de la quinta entrega
 

Los otros artículos de esta serie
Pimera Parte: Los primeros años de su etapa de formación
Segunda Parte: La etapa de consolidación. El bienio de la confirmación artística Tercera Parte: Madurez artística, escultura profana y escultura mariana.
Cuarta Parte: Figuras de Cristo y Hagiográficas Quinta Parte: Figuras decorativas, Insignias, Personajes Secundarios y Restauraciones

 

FUENTES DE DOCUMENTACIÓN GRÁFICA, BIBLIOGRÁFICA Y ELECTRÓNICA.

1. Fotografías: Fotos del autor del artículo, y, agradecimiento y gratitud por la cesión y el préstamo de fotos a los siguientes fotógrafos:

  • Manuel Álvarez García. Fotos del Niño Jesús de la Hermandad de los Estudiantes de Sevilla, ángeles pasionarios de la Hermandad sevillana de los Javieres, y, Virgen de la Estrella de Chiclana de la Frontera (Cádiz).

  • Roberto Villarrica Méndez. Fotos de Dolorosas. Decoración del paso de Cristo de la Hermandad hispalense del Carmen Doloroso. Cruz de guía de la Asociación de la Mortaja de Jerez de la Frontera. San Miguel Arcangel

  • Dihor. Foto primer plano del rostro del Yacente de Bolaños de Calatrava (Ciudad Real).

  • José Luis Segura Ibáñez. Fotos ángeles pasionarios de la Hermandad de los Javieres. Sevilla.

  • José Antonio Rodríguez Benítez. Fotos del Arcángel San Miguel para la localidad murciana de Jumilla.

  • Germán Calvo Martínez. Fotos del paso y de las figuras de San Juan Evangelista y Judas Iscariote de la Hermandad del Lavatorio de Cabra (Córdoba).

  • Daniel Villalba. Foto del paso de Jesús Cautivo de Moguer (Huelva).

2. Bibliografía:

  • Brentano, Clemens María. “La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo”. Inspirado en las visiones de la Beata Ana Catalina Emmerick. 1.928. Versión electrónica.

  • Fernando Roig, Juan. “Iconografía de los Santos”. Ediciones Omega. Barcelona, 1950.

  • Hermandad del Carmen Doloroso. “Díptico de la Exposición de las cartelas, esculturas y programa iconográfico para el paso del Misterio de la Hermandad del Carmen Doloroso obra de José María Leal”. Salón de Exposiciones del Círculo Mercantil de Sevilla. Del 14 al 24 de Febrero de 2.008. Patrocina Asociación de Peritos Tasadores Judiciales de Andalucía.

  • Lapoulide, J. “Diccionario Gráfico de Arte y Oficios Artísticos”. Editorial José Montesó. Tomo II. Cuarta edición. Barcelona 1.963.

  • Leal Bernáldez, José María. “Dossier Arcángel San Miguel. Jumilla (Murcia)”. Sevilla 2.008.

  • Martínez Leal, Pedro Ignacio. “Catálogo provisional de la obra escultórica de José María leal Bernáldez”. Sevilla. Sin publicar.

  • Martínez Leal, Pedro Ignacio. “José María Leal Bernáldez. Escultor e Imaginero”. El conjunto escultórico del Traslado al Sepulcro de Torralba de Calatrava”. Edita Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santísimo Cristo de la Misericordia en su Traslado y Santo Sepulcro. Torralba de Calatrava (Ciudad Real) 2.006.

  • Martínez Leal, Pedro Ignacio. Tesis Doctoral: “Francisco Buiza Fernández y su Escuela. Colaboradores, discípulos y seguidores”. Universidad de Sevilla. 3 Tomos. Sevilla 2.003. Sin publicar.

  • Réau, Louis. "Satan et les Demons, Iconographie de l'art Chretien”. PUF. Paris, 1956.

  • Rodríguez Benítez, José Antonio. “Portentoso San Miguel de José María Leal para la Semana Santa de Jumilla”. ABC. Sevilla, lunes, 25 de agosto de 2008.

  • Wittkower, R. “La escultura, procesos y principios”. Edita Alianza Editorial, S.A. Madrid, 1977.

  • Wohl de Louis. “La lanza. Historia del centurión Longinos”. Ediciones Palabra. Colección Arcaduz. 8ª edición. Madrid 2.005.

3. Webgrafía y fuentes y servicios electrónicos:
Citas de recursos de textos electrónicos. Páginas web.
Páginas informativas. Hipertextos.

* Páginas vivas, actualizadas con fecha de Febrero de 2.009.

 

Pedro Ignacio Martínez.
Doctor en Historia del Arte.

©  Pedro Ignacio Martínez. 29-III-2009



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