
Conforme uno alcanza su madurez, la vida le va dando tablas para coger el camino
definitivo que no es otro que el de la integridad de la persona, su felicidad y
la de los suyos, sus valores, sus metas. Esto se fragua normalmente en la
juventud, aunque tiene su prologo en la niñez, es aquí donde brotan las primeras
sensaciones, donde uno se impregna ávido de inocencia de nuestro entorno, por
eso es importante estimular e inculcar a los niños desde que dicen sus primeras
palabras en las bondades que Dios nos pone a nuestra disposición en una sociedad
corrompida por la mediatización ,el consumo y la opulencia, un mundo globalizado
donde impera el signo +, donde los números no son números solamente son personas
disfrazadas por la coyuntura del poder y la notoriedad.
Afortunadamente Dios quiso que hubiera pastores que guiaran nuestros destinos,
los destinos del camino, la verdad y la vida. El rebaño de hoy en día es escaso
pero valioso y la especie no se extingue porque Dios aún nos manda almas puras
desde que nacen para que impartan tal doctrina; yo soy una feliz oveja que
humildemente ha seguido al rebaño, me he descarriado, pero no he sido presa de
las fauces de la sociedad imperativa, oscura y que se despeña diariamente por
mor de debilidades, poder o dinero.
Cuan
grande es el hombre al que Dios le sacia solo por sus obras, cuanto llena el
deber bien hecho, que plenitud alcanza el alma que ora et labora, que grandeza
es sentir amor, del vocabulario tan excelso y de sus adjetivos mas bellos esta
impregnada la vida y obra del hombre en la tierra, amar y seréis amados, dar y
seréis colmados, pero por desgracia muchas almas vagan sin rumbo en el mundo que
puso para el hombre nuestro creador.
¿Os
fijáis que regalo? un mundo donde hay agua, el agua calma la sed, da vida a las
plantas, sonido al rio, lustre al mar, es tan importante este elemento que ya en
la pila bautismal recordamos a Jesús cuando san Juan Bautista le bautizara en el
Jordán, la catarata que fluye por la cabeza de un cristiano en su primer
sacramento es un afluente del Jordán, un mensaje de Dios bendecido para ser
desde que nacemos uno de los suyos.
También creo el cielo, el cielo que nos cobija y nos da la luz, la lluvia, o el
arco iris a modo de semicírculo que me recuerda con su sinfonía de colores las
puertas del cielo, las montañas, los valles fértiles, nos entrego el mundo con
la despensa llena de los frutos del mar y la tierra, la tierra para amarla,
respetarla, trabajarla y recoger sus frutos, el mar para navegar, pescar o
simplemente admirar su belleza.
Y creó
al hombre a imagen y semejanza, moldeo la mas bella obra jamás creada, lo doto
de inteligencia, sabiduría, instintos, cualidades que solo podía tener la raza
humana pero lo diferenció de otros seres porque les dió la razón. Dios le dió la
razón al hombre y el hombre es una sinrazón, curiosa aunque no generalizada
respuesta al regalo de Dios, la razón y la inteligencia adornaban los matices
mas fundamentales del ser humano, razonar, pensar, obrar, todo esto le sirve al
hombre de hoy para que con su intelecto elija el camino mas adecuado en la
travesía que va desde el vientre materno a la mortaja.
El
hombre de hoy se muere, interactúa, chatea, es humanoide no humano, sometido a
la maquinaria inútil que nos aplasta y abruma, sería urgente que apareciera un
medico, un icono humano, que venga de Calcuta, de Nazaret, de dónde sea pero que
venga… y pronto.
©
David Calles Cabrera 23-II-2010
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