PERSPECTIVA,
ANÁLISIS, REFLEXIONES, COMENTARIOS Y ANÉCDOTAS SOBRE LAS BASES CONCEPTUALES, EL
CARÁCTER Y LA FUNCIONALIDAD DE LA IMAGINERÍA SAGRADA ESCULTÓRICA EN LA ESCUELA
SEVILLANA A COMIENZOS DEL SIGLO XXI:
“Dedicado a los nuev@s imaginer@s del siglo XXI”.
Sevilla. Mayo, 2.010.
INDICE:
- Preámbulo para ubicar la cuestión desde el punto
de vista histórico.
- Los procesos históricos-evolutivos. Aspectos
diacrónicos y sincrónicos del concepto y la funcionalidad estética de la “imagen
de culto religioso” en la Escuela sevillana.
- ¿Qué se espera en la actualidad del carácter de
la representación icónica de las imágenes religiosas de culto, y/o, de la
apariencia física de una escultura sagrada, de su fisonomía, tratamiento
psicológico, etc…?.
- Comentarios de carácter general
sobre las imágenes religiosas que realizan los escultores-imagineros
sevillanos a comienzos del siglo XXI.
- Recopilatorio de algunos interesantes
comentarios, juicios, y opiniones representativas de la jerarquía eclesiástica,
artistas, escultores imagineros, cofrades, sobre los conceptos de Arte
religioso, y de Imaginería sagrada.
1. Preámbulo
para ubicar la cuestión desde el punto de vista histórico:
La mayor parte de las
características, particularidades más frecuentes, y, experiencias emocionales,
que hoy en día asociamos con los orígenes de nuestra “Escuela sevillana de
Escultura religiosa”, son sumas y adicciones que se han ido realizando
con el paso de los tiempos, y, que en su enorme generalidad, hemos heredado del
siglo que hemos dejado atrás.
Así pues, a lo largo de todo el siglo XX, ha ido evolucionando y conformándose
una “estética regeneracionista neobarroca hispalense”,
recuperadora de las tradiciones locales en los campos de la escultura-imaginera,
la talla de los pasos, la orfebrería, el bordado, la saeta flamenca, y/o la
música, y, en definitiva, casi todo vendrá a ser una continuación de la
tradicional Escuela de Arte sevillana.
Además, la mayor parte de
las imágenes devocionales de nuestras Hermandades, y Cofradías serán realizadas
o, en su caso, “reparadas” o restauradas por los imagineros sevillanos del siglo
pasado, que le aportaron su peculiar sello personal.
Un análisis
general y crítico de los componentes de los grupos generacionales de imagineros
del pasado siglo, nos permiten vislumbrar con claridad las cumbres artísticas
del mismo en los nombres de: Antonio Castillo Lastrucci, Sebastián Santos Rojas,
Luis Ortega Bru, y Francisco Buiza Fernández, complementados por Antonio Illanes
Rodríguez, Antonio Eslava Rubio, y, Juan Abascal Fuentes.
Todos ellos,
fueron artistas, que con su esfuerzo y su trabajo, ayudaron a fortalecer en el
siglo XX, la trayectoria histórica de la “Escuela Imaginera hispalense”,
y, favorecieron el renacer del estilo peculiar de nuestra Imaginería
tradicional.
Los dos primeros,
Lastrucci y Santos, más cercanos por sus circunstancias vitales a la mentalidad
y al quehacer artístico de la primera mitad del siglo, nos ofrecerán una
estética teñida por un marcado “realismo moderado y místico”, en
el que se produce un equilibrio entre la forma y el contenido de las obras
ejecutadas.
Por una parte,
Castillo Lastrucci, destacará por sus excelentes y medidas composiciones
escenográficas, y su fecunda producción.; aunque, en ocasiones, sus imágenes nos
ofrezcan un concepto de modelado plano, que sólo admite una visión frontal,
descuidando así los perfiles y tres cuartos de las mismas, y, ofreciéndonos
tratamientos de cabellos y policromías muy desiguales.
Por otra parte,
la obra de Sebastián Santos Rojas se distinguirá por su ponderada belleza; sobre
todo, subrayada por un marcado clasicismo y una exquisita calidad, y, porque
imprimirá con sus tipos de Vírgenes Dolorosas toda una época, destacando en sus
imágenes las fisonomías imagineras de caras humanas, finas y expresivas.
El segundo binomio de
artistas sobresalientes del siglo pasado, Luis Ortega Bru y Francisco Buiza
Fernández, muy influidos por las circunstancias de los impactos y las
consecuencias de la guerra civil española, transformarán el estilo neobarroco,
heredado de la generación anterior; configurando el “núcleo expresionista”
de la escultura-imaginera sevillana del siglo XX, muy atenta a los valores
sensoriales, aunque, paradójicamente, no exenta de buenas dosis de ternura en
muchas de sus realizaciones puntuales.
Ambos artistas,
incorporarán su concepto de la vida amarga, vivida en su adolescencia y
juventud, sacrificando la belleza a la expresión de sus ideas personales.
En este sentido,
los autores de esta “generación de la postguerra” serán más
rompedores, novedosos, y creativos en sus composiciones escultóricas y modelos
iconográficos.
Ortega Bru y
Buiza, expresaban sus angustias íntimas y tormentos personales en sus propias
imágenes, como una llamada de atención, a través de la Escultura, ante el mundo
en crisis que vivieron.
En ellos,
prevaleció un tipo de expresionismo conectado con el concepto de la realidad
natural subjetiva. Una “nueva subjetividad”.
Ortega Bru,
destacará como gran creador de imágenes y magnífico barrista. Pero, será algo
más deficiente como tallista, constructor de las imágenes, y como policromador
de las mismas.
Por su parte,
Francisco Buiza Fernández será el mejor tallista y ensamblador de imágenes del
siglo XX, aportando un estilo rompedor y muy personal en la ejecución de sus
policromías, y, en la aplicación de los estofados de sus figuras.
Podemos concluir,
diciendo de ellos, que son escultores-imagineros renovadores e inconformistas,
que quieren sacar a la Escultura-imaginera de su época, de la solemnidad
académica, y de los rituales formales del realismo moderado de la generación
anterior.
Este “realismo
moderado” conllevaba una actitud objetiva del artista frente a la
Imaginería, mientras que el “realismo expresionista” de la
generación de la postguerra, aportaría grandes dosis de subjetividad a la hora
de realizar sus obras sacras.
El último cuarto del
siglo XX, nos ofrecerá un ramillete de artistas destacados, en su mayoría
antiguos discípulos de Francisco Buiza y seguidores de su Escuela, que han ido
aportando sus nuevas obras personales, y se han encargado a la vez de mantener
en estado de buena conservación y revista, el excelente legado de nuestro
Patrimonio Artístico Imaginero hispalense.
Además, dentro de
este primer apartado de introducción de carácter general, sobre la Escuela de
Imaginería sevillana del siglo XX, también conviene subrayar el hecho, de la
importancia de Francisco Buiza Fernández, como una de las figuras clave en el
devenir de este siglo pasado. Pues, Francisco Buiza será el escultor-imaginero,
que creará una Escuela más consolidada entre sus discípulos, seguidores, y
continuadores, siendo así, de esta manera, el eslabón más importante del hilo
conductor, que conecta a las generaciones de la postguerra con las nuevas
generaciones de imagineros contemporáneos.
Por lo general,
con posterioridad, la mayoría de los artistas imagineros más destacados de la “generación
de la Democracia”, se caracterizarán ya por tener una clara tendencia
evolutiva hacia un nuevo realismo moderado, dulcificado, y atemperado, salvo
algunas excepciones puntuales, que mantienen aún un realismo expresionista, que
a veces, raya en el hiperrealismo.
Toda esta
evolución estilística, generada a lo largo de los años, y la llegada de la
Cultura Democrática, en el último cuarto del siglo anterior, favorecieron,
definitivamente, la eclosión de un renacimiento de jóvenes escultores-imagineros
que se asomaron al nuevo siglo XXI con perspectivas de éxito muy esperanzadoras,
y con la herencia bien asimilada de los maestros consagrados ya fallecidos.
En esta primera década del
siglo XXI venimos constatando el mantenimiento de los comportamientos estéticos
neobarrocos en la mayor parte de los autores, las huellas de la influencia de la
“escuela buizenca”, y, la proliferación de una pléyade de nuevos
escultores, titulados superiores en su mayoría, que se dedican plenamente a la
Imaginería sagrada, impulsados por el claro aumento de la demanda. (1).
Estas nuevas generaciones de
artistas están bien consideradas y tienen un buen cartel en todo el círculo
artístico sevillano, y, sin duda, nos traerán una nueva oportunidad para
provocar los cambios y la evolución lógica en la Imaginería actual.

2. Los
procesos históricos-evolutivos. Aspectos diacrónicos y sincrónicos del concepto
y la funcionalidad estética de la “imagen de culto religioso” en la Escuela
sevillana.
2.1. Breve introducción. Con este
artículo, a modo de pequeño ensayo, os invito conmigo a reflexionar sobre
aquellos aspectos que en mi opinión han ido evolucionado, varían, o, siguen
manteniendo la distinción diacrónica o sincrónica, y, el carácter
histórico-evolutivo, en lo referente a la realización estética de las nuevas
imágenes escultóricas religiosas a demanda de la sociedad sevillana actual,
aunque no por ello, estas mismas consideraciones generales y puntuales que aquí
analizamos puedan extenderse, en menor o mayor medida, al resto de otras
localidades andaluzas, o, al de las diversas escuelas escultóricas españolas.
2.2.
Reflexiones iniciales.
La Escuela sevillana de Escultura sacra.
Setecientos cincuenta años de evolución histórica.
La mayor parte las
tipologías, composiciones morfológicas y configuraciones artísticas nacidas en
la “Escuela sevillana de Imaginería sagrada” serán manifestaciones
surgidas y derivadas de la tradicional Cultura Clásica, que irán forjándose
paulatinamente desde mediados del siglo XIII al XVII, hasta desembocar en el
pleno Barroco hispalense.
Toda la posterior fusión y mestizaje de grafías y representaciones iconográficas
de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, y de los Dolores de su Madre
crearon un conjunto de caracteres propios y diferenciados, que se plasmaron en
la Escultura Imaginera sevillana con los valores iconológicos, simbólicos, o
alegóricos del Catolicismo Contrarreformista, y, dejaron una honda huella
icónica visual en las generaciones posteriores de artistas, sacerdotes, y
creyentes.
A lo largo del hilo conductor que va concatenando y enlazando la Historia de la
Escultura Imaginera hispalense de los últimos siglos, encontraremos, de una
manera evidente, estos invariantes estilísticos castizos tan arraigados, que
llegarán a influir en el hecho de producir un ritmo parsimonioso en la evolución
artística de la propia Escuela. Sólo roto, en parte, por escasas aportaciones
neoclásicas, que no calaron suficientemente en el proceder de los artistas
imagineros sevillanos.
Únicamente, veremos de
manera excepcional, ejemplos iconográficos anómalos, que podremos considerarlos
“invariables o invariantes” del tipo tradicional establecidos al
uso, que no llegaron a triunfar, y algunos tímidos cambios en los procesos
técnicos de elaboración de las obras en el último cuarto del siglo XX,
asimilados sin traumatismos de estilo.
Por todas estas causas y motivos, la cohesión de la Escuela de
Escultura-Imaginera hispalense se ha mantenido todavía incólume.
No obstante, conviene
constatar, por poner otros ejemplos superpuestos, que no ocurrió lo mismo en el
devenir de otras Bellas Artes sevillanas, como fueron el caso de la Pintura o la
Arquitectura, mucho más permeables a los cambios e influencias de las nuevas
corrientes artísticas externas nacionales, europeas, e internacionales.
En términos generales todos
los planteamientos Neobarrocos de la Escultura Imaginera sevillana, supondrán un
paso más en el proceder morfo-sintáctico del consolidado “lenguaje
artístico del Barroco seiscentista”.
No obstante, es obvio, defender que no hay dos escultores-imagineros que se
repitan, ni se produce una clonación pura del estilo barroco tradicional, sino
que aparecerán nuevas formas matizadas en unas circunstancias, un espacio, y un
tiempo diferente.
Todas esas nuevas
reinterpretaciones, lecturas, y formas estéticas de finales del siglo XX,
sentidas por las nuevas generaciones de artistas imagineros, están basadas en
principio, en el Barroco del seiscientos. Pero, ya soportarán en su origen unas
vivencias, experiencias, y pensamientos distintos.
Así, esas creaciones
artísticas recobrarán nueva vida en el más puro concepto biológico de cualquier
estilo artístico, y llegarán a alcanzar una prolongación temporal, y
cronológica, adaptándose a las nuevas circunstancias religiosas, sociopolíticas,
económicas, y artísticas de la inercia propia del devenir histórico del siglo XX
en el que se suceden.
Frente a las afirmaciones de
algunos coetáneos, que criticaban la falta de nuevas aportaciones artísticas, y
la ausencia de originalidad en la Escultura Imaginera hispalense del siglo
pasado. La perspectiva histórica, el análisis reposado, y la nueva crítica están
dibujando un panorama distinto, que demuestran las calidades artísticas,
peculiaridades formales, variables estilísticas y técnicas, y, lo que es más
importante, un manifiesto grado de evolución del estilo que consiguió adaptarse
a un “nuevo tempo histórico”, especialmente, en las obras
realizadas por los imagineros de la generación de la postguerra, o, del período
democrático.
Y nos confirman, además, el
hecho de que “el arte imaginero no es inmutable”, y, que
evoluciona, aunque sea de una forma lenta y parsimoniosa.

NOTA: Fin primera parte.

La bibliografía de este artículo se
encuentra en la cuarta parte
©
Pedro Ignacio Martínez Leal,
9 de Mayo, 2010