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La Unción Sagrada de las Imágenes Religiosas (1).

Por Pedro Ignacio Martínez Leal
Doctor en Historia del Arte

PERSPECTIVA, ANÁLISIS, REFLEXIONES, COMENTARIOS Y ANÉCDOTAS SOBRE LAS BASES CONCEPTUALES, EL CARÁCTER Y LA FUNCIONALIDAD DE LA IMAGINERÍA SAGRADA ESCULTÓRICA EN LA ESCUELA SEVILLANA A COMIENZOS DEL SIGLO XXI:

“Dedicado a los nuev@s imaginer@s del siglo XXI”.
Sevilla. Mayo, 2.010.

INDICE:

  1. Preámbulo para ubicar la cuestión desde el punto de vista histórico.
  2. Los procesos históricos-evolutivos. Aspectos diacrónicos y sincrónicos del concepto y la funcionalidad estética de la “imagen de culto religioso” en la Escuela sevillana.
  3. ¿Qué se espera en la actualidad del carácter de la representación icónica de las imágenes religiosas de culto, y/o, de la apariencia física de una escultura sagrada, de su fisonomía, tratamiento psicológico, etc…?.
  4. Comentarios de carácter general sobre las imágenes religiosas que realizan los escultores-imagineros sevillanos a comienzos del siglo XXI.
  5. Recopilatorio de algunos interesantes comentarios, juicios, y opiniones representativas de la jerarquía eclesiástica, artistas, escultores imagineros, cofrades, sobre los conceptos de Arte religioso, y de Imaginería sagrada.


1. Preámbulo para ubicar la cuestión desde el punto de vista histórico:

     La mayor parte de las características, particularidades más frecuentes, y, experiencias emocionales, que hoy en día asociamos con los orígenes de nuestra “Escuela sevillana de Escultura religiosa”, son sumas y adicciones que se han ido realizando con el paso de los tiempos, y, que en su enorme generalidad, hemos heredado del siglo que hemos dejado atrás.

     Así pues, a lo largo de todo el siglo XX, ha ido evolucionando y conformándose una “estética regeneracionista neobarroca hispalense”, recuperadora de las tradiciones locales en los campos de la escultura-imaginera, la talla de los pasos, la orfebrería, el bordado, la saeta flamenca, y/o la música, y, en definitiva, casi todo vendrá a ser una continuación de la tradicional Escuela de Arte sevillana.

     Además, la mayor parte de las imágenes devocionales de nuestras Hermandades, y Cofradías serán realizadas o, en su caso, “reparadas” o restauradas por los imagineros sevillanos del siglo pasado, que le aportaron su peculiar sello personal.

     Un análisis general y crítico de los componentes de los grupos generacionales de imagineros del pasado siglo, nos permiten vislumbrar con claridad las cumbres artísticas del mismo en los nombres de: Antonio Castillo Lastrucci, Sebastián Santos Rojas, Luis Ortega Bru, y Francisco Buiza Fernández, complementados por Antonio Illanes Rodríguez, Antonio Eslava Rubio, y, Juan Abascal Fuentes.

     Todos ellos, fueron artistas, que con su esfuerzo y su trabajo, ayudaron a fortalecer en el siglo XX, la trayectoria histórica de la “Escuela Imaginera hispalense”, y, favorecieron el renacer del estilo peculiar de nuestra Imaginería tradicional.

     Los dos primeros, Lastrucci y Santos, más cercanos por sus circunstancias vitales a la mentalidad y al quehacer artístico de la primera mitad del siglo, nos ofrecerán una estética teñida por un marcado “realismo moderado y místico”, en el que se produce un equilibrio entre la forma y el contenido de las obras ejecutadas.   

     Por una parte, Castillo Lastrucci, destacará por sus excelentes y medidas composiciones escenográficas, y su fecunda producción.; aunque, en ocasiones, sus imágenes nos ofrezcan un concepto de modelado plano, que sólo admite una visión frontal, descuidando así los perfiles y tres cuartos de las mismas, y, ofreciéndonos tratamientos de cabellos y policromías muy desiguales.

     Por otra parte, la obra de Sebastián Santos Rojas se distinguirá por su ponderada belleza; sobre todo, subrayada por un marcado clasicismo y una exquisita calidad, y, porque imprimirá con sus tipos de Vírgenes Dolorosas toda una época, destacando en sus imágenes las fisonomías imagineras de caras humanas, finas y expresivas.

    El segundo binomio de artistas sobresalientes del siglo pasado, Luis Ortega Bru y Francisco Buiza Fernández, muy influidos por las circunstancias de los impactos y las consecuencias de la guerra civil española, transformarán el estilo neobarroco, heredado de la generación anterior; configurando el “núcleo expresionista” de la escultura-imaginera sevillana del siglo XX, muy atenta a los valores sensoriales, aunque, paradójicamente, no exenta de buenas dosis de ternura en muchas de sus realizaciones puntuales. 

     Ambos artistas, incorporarán su concepto de la vida amarga, vivida en su adolescencia y juventud, sacrificando la belleza a la expresión de sus ideas personales.

     En este sentido, los autores de esta “generación de la postguerra” serán más rompedores, novedosos, y creativos en sus composiciones escultóricas y modelos iconográficos.

     Ortega Bru y Buiza, expresaban sus angustias íntimas y tormentos personales en sus propias imágenes, como una llamada de atención, a través de la Escultura, ante el mundo en crisis que vivieron.

     En ellos, prevaleció un tipo de expresionismo conectado con el concepto de la realidad natural subjetiva. Una “nueva subjetividad”.

     Ortega Bru, destacará como gran creador de imágenes y magnífico barrista. Pero, será algo más deficiente como tallista, constructor de las imágenes, y como policromador de las mismas.

     Por su parte, Francisco Buiza Fernández será el mejor tallista y ensamblador de imágenes del siglo XX, aportando un estilo rompedor y muy personal en la ejecución de sus policromías, y, en la aplicación de los estofados de sus figuras.

     Podemos concluir, diciendo de ellos, que son escultores-imagineros renovadores e inconformistas, que quieren sacar a la Escultura-imaginera de su época, de la solemnidad académica, y de los rituales formales del realismo moderado de la generación anterior.

     Este “realismo moderado” conllevaba una actitud objetiva del artista frente a la Imaginería, mientras que el “realismo expresionista” de la generación de la postguerra, aportaría grandes dosis de subjetividad a la hora de realizar sus obras sacras. 

    El último cuarto del siglo XX, nos ofrecerá un ramillete de artistas destacados, en su mayoría antiguos discípulos de Francisco Buiza y seguidores de su Escuela, que han ido aportando sus nuevas obras personales, y se han encargado a la vez de mantener en estado de buena conservación y revista, el excelente legado de nuestro Patrimonio Artístico Imaginero hispalense.

     Además, dentro de este primer apartado de introducción de carácter general, sobre la Escuela de Imaginería sevillana del siglo XX, también conviene subrayar el hecho, de la importancia de Francisco Buiza Fernández, como una de las  figuras clave en el devenir de este siglo pasado. Pues, Francisco Buiza será el escultor-imaginero, que creará una Escuela más consolidada entre sus discípulos, seguidores, y continuadores, siendo así, de esta manera, el eslabón más importante del hilo conductor, que conecta a las generaciones de la postguerra con las nuevas generaciones de imagineros contemporáneos.

     Por lo general, con posterioridad, la mayoría de los artistas imagineros más destacados de la “generación de la Democracia”, se caracterizarán ya por tener una clara tendencia evolutiva hacia un nuevo realismo moderado, dulcificado, y atemperado, salvo algunas excepciones puntuales, que mantienen aún un realismo expresionista, que a veces, raya en el hiperrealismo.

     Toda esta evolución estilística, generada a lo largo de los años, y la llegada de la Cultura Democrática, en el último cuarto del siglo anterior, favorecieron, definitivamente, la eclosión de un renacimiento de jóvenes escultores-imagineros que se asomaron al nuevo siglo XXI con perspectivas de éxito muy esperanzadoras, y con la herencia bien asimilada de los maestros consagrados ya fallecidos.

     En esta primera década del siglo XXI venimos constatando el mantenimiento de los comportamientos estéticos neobarrocos en la mayor parte de los autores, las huellas de la influencia de la “escuela buizenca”, y, la proliferación de una pléyade de nuevos escultores, titulados superiores en su mayoría, que se dedican plenamente a la Imaginería sagrada, impulsados por el claro aumento de la demanda. (1).

     Estas nuevas generaciones de artistas están bien consideradas y tienen un buen cartel en todo el círculo artístico sevillano, y, sin duda, nos traerán una nueva oportunidad para provocar los cambios y la evolución lógica en la Imaginería actual.

 

2. Los procesos históricos-evolutivos. Aspectos diacrónicos y sincrónicos del concepto y la funcionalidad estética de la “imagen de culto religioso” en la Escuela sevillana.

     2.1. Breve introducción. Con este artículo, a modo de pequeño ensayo, os invito conmigo a reflexionar sobre aquellos aspectos que en mi opinión han ido evolucionado, varían, o, siguen manteniendo la distinción diacrónica o sincrónica, y, el carácter histórico-evolutivo, en lo referente a la realización estética de las nuevas imágenes escultóricas religiosas a demanda de la sociedad sevillana actual, aunque no por ello, estas mismas consideraciones generales y puntuales que aquí analizamos puedan extenderse, en menor o mayor medida, al resto de otras localidades andaluzas, o, al de las diversas escuelas escultóricas españolas.

 

   2.2. Reflexiones iniciales.
   La Escuela sevillana de Escultura sacra.
   Setecientos cincuenta años de evolución histórica.

     La mayor parte las tipologías, composiciones morfológicas y configuraciones artísticas nacidas en la “Escuela sevillana de Imaginería sagrada” serán manifestaciones surgidas y derivadas de la tradicional Cultura Clásica, que irán forjándose paulatinamente desde mediados del siglo XIII al XVII, hasta desembocar en el pleno Barroco hispalense.

     Toda la posterior fusión y mestizaje de grafías y representaciones iconográficas de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, y de los Dolores de su Madre crearon un conjunto de caracteres propios y diferenciados, que se plasmaron en la Escultura Imaginera sevillana con los valores iconológicos, simbólicos, o alegóricos del Catolicismo Contrarreformista, y, dejaron una honda huella icónica visual en las generaciones posteriores de artistas, sacerdotes, y creyentes.

     A lo largo del hilo conductor que va concatenando y enlazando la Historia de la Escultura Imaginera hispalense de los últimos siglos, encontraremos, de una manera evidente, estos invariantes estilísticos castizos tan arraigados, que llegarán a influir en el hecho de producir un ritmo parsimonioso en la evolución artística de la propia Escuela. Sólo roto, en parte, por escasas aportaciones neoclásicas, que no calaron suficientemente en el proceder de los artistas imagineros sevillanos.

     Únicamente, veremos de manera excepcional, ejemplos iconográficos anómalos, que podremos considerarlos “invariables o invariantes” del tipo tradicional establecidos al uso, que no llegaron a triunfar, y algunos tímidos cambios en los procesos técnicos de elaboración de las obras en el último cuarto del siglo XX, asimilados sin traumatismos de estilo.

     Por todas estas causas y motivos, la cohesión de la Escuela de Escultura-Imaginera hispalense se ha mantenido todavía incólume.

     No obstante, conviene constatar, por poner otros ejemplos superpuestos, que no ocurrió lo mismo en el devenir de otras Bellas Artes sevillanas, como fueron el caso de la Pintura o la Arquitectura, mucho más permeables a los cambios e influencias de las nuevas corrientes artísticas externas nacionales, europeas, e internacionales.

     En términos generales todos los planteamientos Neobarrocos de la Escultura Imaginera sevillana, supondrán un paso más en el proceder morfo-sintáctico del consolidado “lenguaje artístico del Barroco seiscentista”.

     No obstante, es obvio, defender que no hay dos escultores-imagineros que se repitan, ni se produce una clonación pura del estilo barroco tradicional, sino que aparecerán nuevas formas matizadas en unas circunstancias, un espacio, y un tiempo diferente.

     Todas esas nuevas reinterpretaciones, lecturas, y formas estéticas de finales del siglo XX, sentidas por las nuevas generaciones de artistas imagineros, están basadas en principio, en el Barroco del seiscientos. Pero, ya soportarán en su origen unas vivencias, experiencias, y pensamientos distintos.

     Así, esas creaciones artísticas recobrarán nueva vida en el más puro concepto biológico de cualquier estilo artístico, y llegarán a alcanzar una prolongación temporal, y cronológica, adaptándose a las nuevas circunstancias religiosas, sociopolíticas, económicas, y artísticas de la inercia propia del devenir histórico del siglo XX en el que se suceden.

     Frente a las afirmaciones de algunos coetáneos, que criticaban la falta de nuevas aportaciones artísticas, y la ausencia de originalidad en la Escultura Imaginera hispalense del siglo pasado. La perspectiva histórica, el análisis reposado, y la nueva crítica están dibujando un panorama distinto, que demuestran las calidades artísticas, peculiaridades formales, variables estilísticas y técnicas, y, lo que es más importante, un manifiesto grado de evolución del estilo que consiguió adaptarse a un “nuevo tempo histórico”, especialmente, en las obras realizadas por los imagineros de la generación de la postguerra, o, del período democrático.

     Y nos confirman, además, el hecho de que “el arte imaginero no es inmutable”, y, que evoluciona, aunque sea de una forma lenta y parsimoniosa.

 

NOTA: Fin primera parte.

 

Este artículo por su tamaño se ha dividido en cuatro partes
Primera Parte Segunda Parte
Tercera Parte Cuarta Parte

La bibliografía de este artículo se encuentra en la cuarta parte

 

©  Pedro Ignacio Martínez Leal,   9 de Mayo, 2010



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