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La Unción Sagrada de las Imágenes Religiosas (2).

Por Pedro Ignacio Martínez Leal
Doctor en Historia del Arte

PERSPECTIVA, ANÁLISIS, REFLEXIONES, COMENTARIOS Y ANÉCDOTAS SOBRE LAS BASES CONCEPTUALES, EL CARÁCTER Y LA FUNCIONALIDAD DE LA IMAGINERÍA SAGRADA ESCULTÓRICA EN LA ESCUELA SEVILLANA A COMIENZOS DEL SIGLO XXI:

“Dedicado a los nuev@s imaginer@s del siglo XXI”.
Sevilla. Mayo, 2.010.

INDICE:

  1. Preámbulo para ubicar la cuestión desde el punto de vista histórico.
  2. Los procesos históricos-evolutivos. Aspectos diacrónicos y sincrónicos del concepto y la funcionalidad estética de la “imagen de culto religioso” en la Escuela sevillana.
  3. ¿Qué se espera en la actualidad del carácter de la representación icónica de las imágenes religiosas de culto, y/o, de la apariencia física de una escultura sagrada, de su fisonomía, tratamiento psicológico, etc…?.
  4. Comentarios de carácter general sobre las imágenes religiosas que realizan los escultores-imagineros sevillanos a comienzos del siglo XXI.
  5. Recopilatorio de algunos interesantes comentarios, juicios, y opiniones representativas de la jerarquía eclesiástica, artistas, escultores imagineros, cofrades, sobre los conceptos de Arte religioso, y de Imaginería sagrada.

 

3. ¿Qué se espera en la actualidad del carácter de la representación icónica de las  imágenes religiosas de culto, y/o, de la apariencia física de una escultura sagrada, de su fisonomía, tratamiento psicológico, etc…?.

     Nuestra coetánea “sociedad de masas”, en la que tienen tanta preponderancia los medios de comunicación, televisión, internet, la publicidad, el diseño gráfico etc…, depende en gran medida de las imágenes, no siendo una “sociedad anicónica, no figurativa”, sino todo lo contrario.

     Por eso mismo, en la actualidad, las imágenes religiosas que decoran los templos, iglesias y pasos procesionales funcionan de igual manera, alcanzando si cabe su máxima intensidad, mayor  visualidad, y, efectividad en un mundo globalizado como el nuestro, donde la densidad y el porcentaje de imágenes y signos gráficos nos resultan apabullantes.

     Estos iconos religiosos tradicionales llegan incluso a mantener su vigencia escultórica y a ser tan útiles, que se siguen realizando por expreso encargo de la Iglesia y/o de las Hermandades. En términos generales, pues, se continúa recurriendo a ellos para que sirvan como vehículo de relación con Dios, adoctrinamiento y reflexión religiosa para creyentes y cofrades, y, didácticamente, siguen siendo un magnífico recurso catequético evangelizador y de propaganda de la fe cristiana de primerísimo orden. (2).

     Según, el “canon cultural icónico andaluz” heredado a través de los tiempos: “no iconófobo, ni iconoclasta”, las imágenes religiosas actuales siguen facilitando la incorporación de los fieles al universo conceptual de los misterios de la fe cristiana.

      Las esculturas como tales, en sí mismas, por su categorización mental, desprendidas de su halo de religiosidad, son simples “objetos sin mente”.

      Sin embargo, a posteriori, una vez realizadas, serán las lecturas e interpretaciones icónicas y los diferentes préstamos culturales de la psicología estética de los propios creyentes los que al contemplarlas y, percibirlas, las analicen y, transformen cognitivamente en otros “objetos con mente”.

     Todo ello, estará basado en aquellos conocimientos culturales ya adquiridos, en la herencia educativa de sus respectivas experiencias personales, simbólicas, emocionales, iconográficas, y, conjuntamente, apoyado en todo el universo personal de sus creencias. (3).

     Por tanto, la representación de la imagen religiosa como “icono cultural” favorece, sin duda, la caracterización de las relaciones personales o colectivas de los seres humanos con Dios.

     Así pues, por concretar, los ejemplos de las manifestaciones del arte sacro escultórico hispalense vienen a suponer un ejemplo particular más de la extensión de la palabra y de la transferencia de los contenidos teológicos de la fe, y, de todos los mensajes derivados de la salvación cristiana.

     Podríamos deducir pues, que, en términos generales, en la actualidad, a la hora de encargar, por parte de una entidad religiosa, una Hermandad o un cliente particular una imagen escultórica sagrada que represente a Dios Padre, Jesucristo, la Virgen, santos, ángeles, etc…, y/o, a la hora de concebir, construir y diseñar una figura sagrada por parte del escultor y/o del artista; lo que se espera de ellos, en términos religiosos y de culto, es que “ambos sientan la fe, y, que tengan la claridad de ideas para proponer un proyecto creativo, que vaya a representar una “imagen de culto con raíces teológicas”, y, que las figuras que se vayan a representar transmitan y comuniquen, en definitiva, un “mensaje de unción sagrada”.

     Etimológicamente, llamamos unción (del latín ungere, ‘untar’) al proceso de embadurnar con aceite perfumado, grasa animal o mantequilla derretida, paso éste, que está presente en los rituales de muchas de las religiones y razas. No obstante, según el Diccionario de la R.A.E., puede tener varias acepciones.

     En nuestro caso, la “unción”, referida a las imágenes de culto sagrado, deberá ser entendida como la devoción y el recogimiento con que el ánimo del artista escultor-imaginero puede entregarse a la realización de su obra.    

      En consecuencia, todas las imágenes religiosas realizadas por los artistas imagineros deberían aspirar a tener, esa llamémosle “unción sagrada”, esa Gracia y Comunicación del Espíritu Santo, que moviera, y llevara al alma del espectador, o devoto, al camino de la virtud y la perfección, a través del contacto visual, y su relación como espectador con las mismas.

     De hecho, las imágenes religiosas católicas se ungen y bendicen a priori antes de exponerse al culto, siguiendo para ello los rituales convencionales romanos de los libros de bendiciones litúrgicas, (“Bendicional” 1986). (4).

     En esos ritos iniciales de bendición de las imágenes religiosas, el celebrante con las manos extendidas invita a todos a orar para implorar la ayuda divina, y, la imagen recibe también el incienso en “reconocimiento de su dignidad sagrada”.

     Aquí, la expresión que empleamos y que estamos tomando como punto de referencia, la de la unción sagrada, fue ya acuñada y manejada habitualmente, desde mediados del siglo pasado, por mi ilustre Profesor D. José Hernández Díaz; que con estos términos concretos trataba de definir la iniciativa de infundir el espíritu y la influencia del poder sagrado o divino sobre las formas escultóricas, incorporando a ser posible en ellas por parte de los artistas, según sus propias palabras: “el sentido de la devoción, recogimiento y perfección del ánimo, y, la entrega a la hora de elaborar una obra artística religiosa”.

     En sus explicaciones dirigidas en este sentido, lecciones magistrales y conferencias, que iban dirigidas tanto a artistas, como a historiadores del Arte, o al público en general, hacía siempre un especial hincapié en que esta “estética de la unción sagrada” era la que diferenciaba más sustancialmente a las imágenes religiosas de las otras representaciones de carácter civil.

     Algunos profesionales actuales de la imaginería, como es el caso del escultor-imaginero Luis Álvarez Duarte, coloquialmente hablando, han comparado esa tradicional necesidad de la “unción sagrada de la imagen religiosa” con “el pellizco devocional”, estableciendo una clara correspondencia hacia el sentimiento hondo”, profundo, que suele impregnar al buen cante flamenco de nuestra tierra.

 

     3.1. ¿Cuáles son las principales funcionalidades de una imagen de culto sagrada.?. ¿Para que sirve una imagen de culto religioso en la actualidad?.

    En este sentido, poco ha cambiado la funcionalidad principal originaria de una figura escultórica de culto sagrado, pues, básicamente, las imágenes religiosas se encargan a los artistas imagineros para satisfacer alguna de estas necesidades tradicionales o varias de las mismas:

  • Para  reconocer y agradecer la Misericordia de Dios, liberar los pecados con la oración, obtener la Salvación con el ejercicio práctico de la Fe, etc… 

  • Para cumplir con los ritos imprescindibles de la liturgia sagrada, decorar una estancia religiosa, una Casa Hermandad, un Museo, un oratorio particular, una vivienda, etc… 

  • Para reconfortar y animar a los afligidos, apenados, o, contrariados por la enfermedad, la falta de trabajo, tribulaciones y problemas personales, etc.  

  • Para cumplir con la Penitencia de los rituales en la Semana Santa, romerías, o procesiones que tienen por objeto catequizar al pueblo creyente o acercar al conocimiento de los mensajes de Jesucristo al no creyente.  

  • Para obtener el consuelo o la paz espiritual y favorecer el gozo místico de lo divino y sobrenatural. 

  • Para conseguir fondos económicos que contribuyan a la realización de tareas caritativas, o promociones de reivindicaciones sociales, religiosas, o corporativas. 

  • Para satisfacer la piedad popular. 

  • Para iniciar o incrementar el fondo de una colección artística, etc….

 

     Según, el texto, que sirve como aclaración en nuestro objetivo, extraído de la Revista de la Escuela de Imaginería:“La imagen religiosa contribuye a la personalización de las relaciones del hombre con Dios. Invita a la oración, a la contemplación, al diálogo. Su visualización ayuda a la fe y a la confianza en la oración de petición o de gratitud. La variedad de imágenes posibilita la elección de aquella representación que más se identifica con la personal sensibilidad de cada uno”. (5).

     Hoy en el argot popular, se repite a menudo y escuchamos expresiones vagas como: “esto es una imagen de culto, esto es una película de culto”, entendidas como una admiración apasionada, casi absoluta, dirigida a reconocidos artistas músicos, cineastas, o, incluso hacia determinadas marcas u objetos, pudiendo subrayar aquí y aclarar como conviene al caso el hecho de su específica diferenciación funcional y peculiar al ser “imágenes de culto no sagrado”.

 

NOTA: Fin segunda parte.
 

Este artículo por su tamaño se ha dividido en cuatro partes
Primera Parte Segunda Parte
Tercera Parte Cuarta Parte

La bibliografía de este artículo se encuentra en la cuarta parte

 

©  Pedro Ignacio Martínez Leal,   9 de Mayo, 2010



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