PERSPECTIVA,
ANÁLISIS, REFLEXIONES, COMENTARIOS Y ANÉCDOTAS SOBRE LAS BASES CONCEPTUALES, EL
CARÁCTER Y LA FUNCIONALIDAD DE LA IMAGINERÍA SAGRADA ESCULTÓRICA EN LA ESCUELA
SEVILLANA A COMIENZOS DEL SIGLO XXI:
“Dedicado a los nuev@s imaginer@s del siglo XXI”.
Sevilla. Mayo, 2.010.
INDICE:
- Preámbulo para ubicar la cuestión
desde el punto de vista histórico.
-
Los procesos históricos-evolutivos. Aspectos diacrónicos y sincrónicos del
concepto y la funcionalidad estética de la “imagen de culto religioso” en la
Escuela sevillana.
- ¿Qué se espera en la actualidad del carácter de la representación icónica
de las imágenes religiosas de culto, y/o, de la apariencia física de una
escultura sagrada, de su fisonomía, tratamiento psicológico, etc…?.
- Comentarios de carácter general
sobre las imágenes religiosas que realizan los escultores-imagineros
sevillanos a comienzos del siglo XXI.
- Recopilatorio de
algunos interesantes comentarios, juicios, y opiniones representativas de la
jerarquía eclesiástica, artistas, escultores imagineros, cofrades, sobre los
conceptos de Arte religioso, y de Imaginería sagrada.
3. ¿Qué se
espera en la actualidad del carácter de la representación icónica de las
imágenes religiosas de culto, y/o, de la apariencia física de una escultura
sagrada, de su fisonomía, tratamiento psicológico, etc…?.
Nuestra coetánea
“sociedad de masas”, en la que tienen tanta preponderancia los medios de
comunicación, televisión, internet, la publicidad, el diseño gráfico etc…,
depende en gran medida de las imágenes, no siendo una “sociedad anicónica,
no figurativa”, sino todo lo contrario.
Por eso mismo, en la
actualidad, las imágenes religiosas que decoran los templos, iglesias y pasos
procesionales funcionan de igual manera, alcanzando si cabe su máxima
intensidad, mayor visualidad, y, efectividad en un mundo globalizado como el
nuestro, donde la densidad y el porcentaje de imágenes y signos gráficos nos
resultan apabullantes.
Estos iconos religiosos
tradicionales llegan incluso a mantener su vigencia escultórica y a ser tan
útiles, que se siguen realizando por expreso encargo de la Iglesia y/o de las
Hermandades. En términos generales, pues, se continúa recurriendo a ellos para
que sirvan como vehículo de relación con Dios, adoctrinamiento y reflexión
religiosa para creyentes y cofrades, y, didácticamente, siguen siendo un
magnífico recurso catequético evangelizador y de propaganda de la fe cristiana
de primerísimo orden. (2).
Según, el “canon
cultural icónico andaluz” heredado a través de los tiempos: “no
iconófobo, ni iconoclasta”, las imágenes religiosas actuales siguen
facilitando la incorporación de los fieles al universo conceptual de los
misterios de la fe cristiana.
Las esculturas como tales, en sí mismas, por su categorización mental,
desprendidas de su halo de religiosidad, son simples “objetos sin mente”.
Sin embargo, a
posteriori, una vez realizadas, serán las lecturas e interpretaciones icónicas y
los diferentes préstamos culturales de la psicología estética de los propios
creyentes los que al contemplarlas y, percibirlas, las analicen y, transformen
cognitivamente en otros “objetos con mente”.
Todo ello, estará basado en
aquellos conocimientos culturales ya adquiridos, en la herencia educativa de sus
respectivas experiencias personales, simbólicas, emocionales, iconográficas, y,
conjuntamente, apoyado en todo el universo personal de sus creencias. (3).
Por tanto, la representación
de la imagen religiosa como “icono cultural” favorece, sin duda,
la caracterización de las relaciones personales o colectivas de los seres
humanos con Dios.
Así pues, por concretar, los
ejemplos de las manifestaciones del arte sacro escultórico hispalense vienen a
suponer un ejemplo particular más de la extensión de la palabra y de la
transferencia de los contenidos teológicos de la fe, y, de todos los mensajes
derivados de la salvación cristiana.
Podríamos deducir pues, que,
en términos generales, en la actualidad, a la hora de encargar, por parte de una
entidad religiosa, una Hermandad o un cliente particular una imagen escultórica
sagrada que represente a Dios Padre, Jesucristo, la Virgen, santos, ángeles,
etc…, y/o, a la hora de concebir, construir y diseñar una figura sagrada por
parte del escultor y/o del artista; lo que se espera de ellos, en términos
religiosos y de culto, es que “ambos sientan la fe”, y, que tengan
la claridad de ideas para proponer un proyecto creativo, que vaya a representar
una “imagen de culto con raíces teológicas”, y, que las figuras
que se vayan a representar transmitan y comuniquen, en definitiva, un “mensaje
de unción sagrada”.
Etimológicamente, llamamos
unción (del latín ungere, ‘untar’) al proceso de embadurnar con aceite
perfumado, grasa animal o mantequilla derretida, paso éste, que está presente en
los rituales de muchas de las religiones y razas. No obstante, según
el Diccionario de la R.A.E., puede tener varias acepciones.
En nuestro caso,
la “unción”, referida a las imágenes de culto sagrado, deberá ser
entendida como la devoción y el recogimiento con que el ánimo del artista
escultor-imaginero puede entregarse a la realización de su obra.
En consecuencia,
todas las imágenes religiosas realizadas por los artistas imagineros deberían
aspirar a tener, esa llamémosle “unción sagrada”, esa Gracia y
Comunicación del Espíritu Santo, que moviera, y llevara al alma del espectador,
o devoto, al camino de la virtud y la perfección, a través del contacto visual,
y su relación como espectador con las mismas.
De hecho, las imágenes
religiosas católicas se ungen y bendicen a priori antes de exponerse al culto,
siguiendo para ello los rituales convencionales romanos de los libros de
bendiciones litúrgicas, (“Bendicional” 1986). (4).
En esos ritos iniciales de
bendición de las imágenes religiosas, el celebrante con las manos extendidas
invita a todos a orar para implorar la ayuda divina, y, la imagen recibe también
el incienso en “reconocimiento de su dignidad sagrada”.
Aquí, la expresión que empleamos y que estamos tomando como punto de referencia,
la de la “unción sagrada”, fue ya acuñada y manejada
habitualmente, desde mediados del siglo pasado, por mi ilustre Profesor D. José
Hernández Díaz; que con estos términos concretos trataba de definir la
iniciativa de infundir el espíritu y la influencia del poder sagrado o divino
sobre las formas escultóricas, incorporando a ser posible en ellas por parte de
los artistas, según sus propias palabras: “el sentido de la devoción,
recogimiento y perfección del ánimo, y, la entrega a la hora de elaborar una
obra artística religiosa”.
En sus explicaciones
dirigidas en este sentido, lecciones magistrales y conferencias, que iban
dirigidas tanto a artistas, como a historiadores del Arte, o al público en
general, hacía siempre un especial hincapié en que esta “estética de la
unción sagrada” era la que diferenciaba más sustancialmente a las
imágenes religiosas de las otras representaciones de carácter civil.
Algunos profesionales actuales de la imaginería, como es el caso del
escultor-imaginero Luis Álvarez Duarte, coloquialmente hablando, han comparado
esa tradicional necesidad de la “unción sagrada de la imagen religiosa”
con “el pellizco devocional”, estableciendo una clara
correspondencia hacia el “sentimiento hondo”, profundo, que suele
impregnar al buen cante flamenco de nuestra tierra.
3.1.
¿Cuáles son las principales funcionalidades de una imagen de culto sagrada.?.
¿Para que sirve una imagen de culto religioso en la actualidad?.
En este sentido, poco ha cambiado la funcionalidad principal originaria de una
figura escultórica de culto sagrado, pues, básicamente, las imágenes religiosas
se encargan a los artistas imagineros para satisfacer alguna de estas
necesidades tradicionales o varias de las mismas:
-
Para reconocer y agradecer la Misericordia de Dios,
liberar los pecados con la oración, obtener la Salvación con el ejercicio
práctico de la Fe, etc…
-
Para cumplir con los ritos imprescindibles de la
liturgia sagrada, decorar una estancia religiosa, una Casa Hermandad, un
Museo, un oratorio particular, una vivienda, etc…
-
Para reconfortar y animar a los afligidos, apenados,
o, contrariados por la enfermedad, la falta de trabajo, tribulaciones y
problemas personales, etc.
-
Para cumplir con la Penitencia de los rituales en la
Semana Santa, romerías, o procesiones que tienen por objeto catequizar al
pueblo creyente o acercar al conocimiento de los mensajes de Jesucristo al
no creyente.
-
Para obtener el consuelo o la paz espiritual y
favorecer el gozo místico de lo divino y sobrenatural.
-
Para conseguir fondos económicos que contribuyan a la
realización de tareas caritativas, o promociones de reivindicaciones
sociales, religiosas, o corporativas.
-
Para satisfacer la piedad popular.
-
Para iniciar o incrementar el fondo de una colección
artística, etc….

Según, el texto, que sirve como aclaración en nuestro objetivo, extraído de la
Revista de la Escuela de Imaginería:“La imagen religiosa contribuye a la
personalización de las relaciones del hombre con Dios. Invita a la oración, a la
contemplación, al diálogo. Su visualización ayuda a la fe y a la confianza en la
oración de petición o de gratitud. La variedad de imágenes posibilita la
elección de aquella representación que más se identifica con la personal
sensibilidad de cada uno”. (5).
Hoy
en el argot popular, se repite a menudo y escuchamos expresiones vagas como:
“esto es una imagen de culto, esto es una película de culto”,
entendidas como una admiración apasionada, casi absoluta, dirigida a reconocidos
artistas músicos, cineastas, o, incluso hacia determinadas marcas u objetos,
pudiendo subrayar aquí y aclarar como conviene al caso el hecho de su específica
diferenciación funcional y peculiar al ser “imágenes de culto no sagrado”.

NOTA: Fin segunda parte.
La bibliografía de este artículo se
encuentra en la cuarta parte
©
Pedro Ignacio Martínez Leal,
9 de Mayo, 2010