
Fotografía:
Restauración de la Iglesia de Santa Catalina de Sevilla
Lo tenía pendiente, tras mi llegada a Sevilla, era
menester visitar a familiares y amigos, y en esa larga lista de encuentros
gozosos con mi familia, los amigos de siempre y los nuevos amigos con estrechos
lazos de amistad gracias a ese gran invento que es el internet, había una amiga
preferencial, dado su delicado estado de salud.
De largo tengo noticias de que
“Catalina” está mal, que su salud empeora cada día, que necesitaba una
operación, una de esas a corazón abierto, a vida o muerte (vida si es operada, y
muerte si no se interviene a tiempo); pero la desidia de los que tienen en sus
manos la salud de “Catalina” la mantienen en constante agonía, y a todos los que
amamos a esta vieja amiga, madre, hermana, vecina… con el corazón en vilo,
desazón e impotencia.
“Catalina” como cualquier españolito
que depende su salud de la sanidad pública, está en una lista de espera, lista
en la que la antigüedad o precario estado de salud no es preferencial para su
intervención, sino el tener o no tener padrino poderoso, ya que otras viejas
amigas de “Catalina” han visto como han pasado por el “cirujano” antes que ella…
O ha visto a un padrino que costee proyectos faraónicos, como por ejemplo el
nacer muy cerquita de ella “engendros” costosísimos concebidos artificialmente
“in vitro” o mejor dicho “in bodrio”, porque Sevilla no se quedaba preñada de
forma natural con semejante criatura “deforme” con sus jorobas en las bellas
entrañas de Sevilla; muchos dineros se necesitaron para concebirlo y buenos
padrinos para sufragar los gastos, gastos que en comparación a esa obra
costosísima para la salud de “Catalina” solo sería calderilla.
Por si no me han entendido, hablo de
mi vieja amiga Santa Catalina, y de su precaria situación. Paradójicamente es el
poder de unos pocos contra el deseo de muchos este pulso por salvar Santa
Catalina; insensibilidad del que tiene la sartén por el mango en contraposición
de la pasión, dedicación y entrega de miles de sevillanos que demanda respuestas
y acción.
Aunque las comparaciones son
odiosas, y sus obvias distancias, esta situación me hace pensar en un caso que
salió en los medios de información hace pocos años, el caso de Terri Schiavo,
una joven que tras un accidente estaba en estado vegetativo y que su marido se
empeñaba en matarla cortándole el soporte de vida, mientras que la familia
quería cuidarla y mantenerla viva. Había intereses ocultos por parte del marido,
un seguro de vida con póliza millonaria, y una nueva familia, y los interese
políticos de cómo legislar una situación asi… hasta Juan Pablo II intervino en
post de la familia para preservar la vida de Terri pero al final, el que tenía
el poder firmo la sentencia de muerte de Terri ante las protestas de miles de
personas… Eso mismo esta pasando con Santa Catalina, los que tienen el poder de
salvarla tienen intereses ocultos, ya sean políticos o pastorales, y los miles
de sevillanos unidos en esta plegaria para salvar Santa Catalina, están
impotentes viéndola agonizar y morir. Esperemos que “Catalina” no tenga el mismo
fin.
Hoy en mi primer encuentro con los
amigos en Sevilla he ido a ver a mi vieja amiga, y recordado esos tiempos en los
que como buena maestra me contó a través de sus muros y sus retablos, pinturas y
esculturas la historia de Sevilla, porque en ella se puede recorrer una buena
parte de la escuela Sevillana de Arte, sin salir de un recinto… “Catalina” me
enseñaste a amar el arte mudéjar con tu artesonado, el gótico con tu portada de
Santa Lucia, el renacimiento con tu Altar Mayor de Diego López Bueno, el barroco
con tu Capilla Sacramental, me hiciste amar la arquitectura, la pintura y la
escultura que albergan tus muros… con centurias de hombres y mujeres que te
amaron, te cuidaron y te embellecieron, y que ahora sus descendientes
descastados e insensibles te tienen condenada a la autodestrucción.
He ido a ver a mi vieja amiga porque
está agonizando, para que sepa en su dolor que yo no me olvido de ella, que
estoy aquí para ti, para lo que necesites… como tantos amigos dispuestos a darle
una transfusión de nuestras propias venas, y ese rojo de pasión de nuestra
sangre se transforme en la tinta de nuestra pluma, y el soplo de vida nuestras
palabras y nuestras velas.
“Catalina”, vieja amiga, seguiremos contigo…
©
Concha R. Worth. 6-IV-2011
correo: concharw@gmail.com