La
Virgen de la Salud de San Gonzalo siempre ha gozado de una devoción especial
entre sus hermanos. Pudimos ver en el último Vía crucis organizado por el
Consejo de Hermandades y Cofradías de la ciudad de Sevilla cómo su titular
cristífero era elegido para presidirlo en la S. I. Catedral quedándose la Señora
de la Salud a la espera del Hijo amado.
Son muchos los años que han pasado desde que la cofradía se
fundara allá por el 1942 con la finalidad de dar culto a las advocaciones del
Soberano Poder ante Caifás y Nuestra Señora de la Salud.
Profunda es la vinculación trianera con esta advocación
mariana, pues desde siglos lleva venerándose en el Convento de las Mínimas;
advocación que refleja a María como elemento purificador, fuente inagotable de
la que mana todo el bien que podemos desear: Salud para el alma, Salud para el
cuerpo. Además, los fundadores de la hermandad deciden esta advocación ya que no
existía, ni existe hasta el momento, Dolorosa alguna con este nombre, que
proviene del Cantar de los Cantares 4, 12 y 15 en el que el amado le dice a la
amada que es Fuente Sellada, Fuente que riega los jardines. Como
curiosidad, añadir que la advocación mariana fue elegida con anterioridad a la
del misterio o Cristo, característica que comparten con el resto de hermandades
y cofradías que se fundaron tras la Guerra Civil española como por ejemplo la
Hermandad de la Paz o la del Tiro de Línea, al contrario que las hermandades que
se fundaron con anterioridad a la contienda.
En un primer momento, al organizarse la hermandad de San
Gonzalo, la Junta del momento intentó adquirir alguna de las dolorosas antiguas
que existían sin corporación en algunas iglesias de la ciudad. Intento que se
vio frustrado, pues la situación económica de la hermandad les impedía hacerlo.
Deciden, pues, contratar la hechura de una nueva imagen a un
joven Rafael Lafarque que estaba iniciando su corta trayectoria trabajando en
ese momento en la Hermandad de Montserrat realizando las cartelas del paso de
misterio. Decimos que su trayectoria fue corta ya que murió a la temprana edad
de 39 años, dejando realmente un legado imaginero bastante escaso y limitado.
Nos situamos en el año 1943. La Junta de Gobierno, tras un Cabildo General
Extraordinario en el que, curiosamente, se elige camarera para la Virgen antes
de elegir y aprobar que fuera Rafael Lafarque quien realizara “una dolorosa
en madera policromada de tamaño natural. Será de candelero y constará de cabeza
y manos labradas y policromadas” como se conserva en el contrato que se
firmó con el joven escultor.
Consta en los archivos que sólo se llegaría a efectuar el
primero de los tres pagos que se establecieron y que fue de 300 pesetas de las
2.600 totales que se firmaron en un principio.
La Virgen de la Salud, una vez terminada, se custodió en la
casa del canónigo Lorán, en la Avda. de la Constitución, siendo bendecida el 20
de febrero de 1944, seis meses después de lo previsto, con una especial
convocatoria que anunciaba que asistiría el General Gonzalo Queipo de Llano
quien por enfermedad, finalmente, no asistió.
La talla de la Señora de la Salud respondía a la tipología de
las dolorosas sevillanas siendo de candelero para vestir con una belleza serena
en llanto, mirada ensimismada en su dolor con tres lágrimas surcando su rostro y
la boca ligeramente entreabierta. Fue precisamente la prensa la que se hizo eco
de esta gran belleza compensada con su dolor.
Diferentes restauraciones
La primitiva imagen de la Dolorosa de la Salud, a lo largo de su historia, ha
sufrido diversas restauraciones que modificaron su fisionomía considerablemente
puesto que su aspecto no terminaba de convencer a sus hermanos.
La primera de sus restauraciones es llevada acabo por D.
Antonio Castillo Lastrucci y de la cual no existe documentación ni constancia
alguna en los archivos de la hermandad ni fuente que la nombre. Quizá se debiera
a una leve intervención en la zona del entrecejo para dulcificar su expresión y
de restaurar las deficiencias de la policromía puesto que el autor ya había
fallecido y dicho imaginero se encontraba en auge. Este motivo pudo ser decisivo
en su elección frente a otros coetáneos.
Años después, en 1968, la Junta de Gobierno en la cual D.
Antonio Garduño ostenta el cargo de Mayordomo primero, decide que sea D. Antonio
Eslava quien vuelva a restaurar la imagen, ya que ésta presentaba unas
“
pequeñas y extrañas arrugas condicionadas tal vez por no haber sido las
condiciones correctas las que Castillo Lastrucci utilizó para su restauración”.
Dicha restauración que lleva a cabo el Sr. Eslava consistió en fruncirle el
entrecejo un poquito más y añadirle un imperceptible hoyuelo en la barbilla,
colocación de nuevas pestañas y lágrimas con el objeto de elevar y realzar su
mirada y la talla de unas nuevas manos muy expresivas con lo que el imaginero le
otorgaba un aspecto muy parecido al resto de sus dolorosas con una policromía de
color muy marfileño.
La siguiente restauración se realizó ocho años después por D.
Luis Ortega Bru, quien ya había terminado la hechura de la nueva imagen de Jesús
en su Soberano Poder ante Caifás. Esta nueva restauración, consistió, según está
documentado, en una repolicromación de la imagen para otorgarle una tonalidad
más oscura que la que poseía hasta el momento.
El 8 de abril del año siguiente se originó un incendio en el
altar del Monumento que estaba instalado en el altar de la Virgen de la Salud,
estando Ella situada aún en su paso de palio que se hallaba, junto al misterio,
en la entrada de la Iglesia. Aunque la distancia entre ambos puntos era amplia,
las altas temperaturas y el humo afectaron gravemente a todas las imágenes,
tanto titulares como secundarias. En Cabildo de Oficiales celebrado al día
siguiente se acuerda llevar las figuras al taller del Sr. Guzmán Bejarano para
que Ortega Bru pudiera restaurarlos.
Se tiene constancia de que la imagen de la Virgen pasó del
taller de Guzmán Bejarano a la casa de D. Antonio Garduño donde se realizó la
intervención. Dicha restauración fue bastante polémica en el seno de la
Hermandad, ya que la supuesta restauración se trataba en realidad de una nueva
imagen. El revuelo en la Hermandad era considerable.
Ante tal situación, Luis Ortega Bru envía una carta al Director
del Boletín de las Cofradías de Sevilla para aclarar la polémica siendo
publicada en el número siguiente. En la carta, el autor reconoce que realizó una
nueva mascarilla para la Virgen, puesto que la anterior había quedado bastante
dañada, procediendo a sustituirla por la nueva, siendo el rostro de la Virgen
diferente del anterior.
Además, no sólo dejó escrito público sino que hizo un acta
notarial en el que expresaba lo anteriormente citado añadiendo que había seguido
las instrucciones y el encargo que había recibido del Hermano Mayor y su Junta
de Gobierno.
La Virgen de la Salud, actualmente, es la única Dolorosa de
Luis Ortega Bru que procesiona en la Semana Santa de Sevilla. Tradicionalmente,
se viene suponiendo por diversos autores que Ortega Bru se inspiró en los rasgos
de su mujer Carmen León Ortega a la hora de esculpir a la Virgen de la Salud, de
la que, por otro lado, tras el trabajo de investigación realizado por D.
Francisco Delgado Aboza y D. Daniel Villalba Rodríguez, no se limitó a tallar
simplemente una nueva mascarilla, sino que la talla presenta la cabellera
perfectamente gubiada y las orejas talladas con cuidado y minuciosidad. Es,
pues, una obra de 1’74 m de altura, de candelero para vestir, con la cabeza
dirigida levemente hacia la derecha, de ahí el tendón izquierdo de su cuello en
tensión que no presentaba la anterior imagen. La talla presenta, además, ojos
tallados y policromados sobre la propia madera, cejas largas y pobladas, cinco
lágrimas de cristal distribuidas tres en la mejilla derecha y dos en la
izquierda, nariz proporcionada y bien modelada y boca entreabierta que muestra
los dientes superiores e inferiores perfectamente tallados. Su policromía es de
tonos pálidos, lo que potencia su belleza y personalidad como imagen. Además, y
por suerte, conserva las manos que Eslava tallara en su día habiendo sido
salvadas del incendio y policromadas de nuevo para unificar la tonalidad de la
imagen.
La devoción de
un barrio
Desde la fundación de la Hermandad, llama la atención que fuera
siempre la Virgen de la Salud el referente más importante de la corporación,
pues no es extraño encontrar que desde sus comienzos popularmente la denominasen
como la Cofradía de la Salud. Queda constancia, por tanto, que la devoción fuera
patente desde el principio aún sin existir imagen alguna, encomendándose a ella
el éxito de la nueva Hermandad y todos sus proyectos. La prensa de la época se
hace ya eco de este fervor durante los actos de su bendición.
Esta devoción va acrecentándose con el paso de los años, de
manera que en el año 1954, las familias del Barrio León organizan una colecta de
limosnas para sufragar la primera salida de la Virgen de la Salud para el año
siguiente ya que el barrio no quería quedarse sin ver a su Virgen en la calle.
Diez años después, estas mismas familias reúnen dinero suficiente para comprarle
una nueva corona que estrenaría en el año 1967.
Son muchos también los cultos organizados en torno a la Señora
de la Salud. El primero de ellos el besamanos por su festividad en agosto y,
según consta, un Septenario en enero que cambiaría en el mes de marzo a mediados
de los 50. El besamanos, en 1960, al ser época vacacional y ante la poca
afluencia de público, deciden pasarlo al mes de octubre junto al Triduo. Aún
así, la festividad de agosto continuó celebrándose desapareciendo en la década
de los 80. Actualmente, consta en reglas besamanos y Triduo en octubre, siempre
en fecha cercana a la Festividad del Pilar. A partir del año 2002 volvió a
recuperarse la celebración del día de su festividad teniendo lugar ésta el
último domingo de agosto.
En estos cultos, la Virgen de la Salud presenta diferentes
joyas regaladas por el amor de sus hijos, como por ejemplo un broche de oro con
una fuente labrado por Orfebrería Triana, donación de las hermanas por el L
aniversario fundacional en 1992. Nuevamente, dichas hermanas volvieron a
obsequiar a la Virgen el Lunes Santo de 2004 con un pequeño escudo de la
Hermandad bordado en seda con hilos de oro y sedas de colores realizado en el
taller de Fernández y Enríquez de Brenes.
Con motivo del L aniversario de la primera salida de la Virgen,
Ésta recibió entre otros regalos, una rosa de pasión de plata del taller de
Orfebrería Triana, un ramillete artesanal de azahar elaborado por Francisco José
Roca Soler y el antiguo encaje de bolillos que lució en la salida
extraordinaria.
Otra de las muestras que la advocación de la Salud ha recibido
de los vecinos de su barrio es el nombre de la calle en la que se encuentra
situada la Parroquia de San Gonzalo, muestra de la devoción que desde los
inicios de la corporación le tuvo su gente.
Como último ejemplo de muestra devocional pueden incluirse las
marchas procesionales dedicadas a la Virgen de la Salud por diversos devotos
siendo algunos títulos Salve a Nuestra Señora de la Salud con adaptación
de Bienvenido Puelles, Nuestra Señora de la Salud o Salus Infirmorum
de Manuel Borrego, Salud de Triana de Raúl de Antonio Montes, Azahar
de San Gonzalo de César Cadaval, Salud del Barrio mío de Bienvenido
Puelles y Aires de Triana de Felipe Sigüenza.
En definitiva, podemos resumir diciendo que las vicisitudes a
las que se enfrentaron los devotos de la Virgen de la Salud nunca les hizo
disminuir su cariño y afecto por Ella, sino que más bien todo el Barrio León se
ha volcado en la devoción a su Madre desde sus inicios hasta la actualidad.