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Atentados contra las Hermandades II |
Por Concha R. Worth |
Seguimos con los atentados en contra de nuestras
hermandades, y en esta ocasión veremos como influyó la política del XIX, con
guerras, revoluciones y expropiaciones a nuestras hermandades.
Expropiados, echados y derribados:
Ya hemos visto como la política ha afectado a
nuestras hermandades, aunque en el apartado anterior con los mangoneos,
nuestras hermandades se han bandeado pudiendo hacer frente desafiando a las
autoridades para defender sus derechos. Pero han habido momentos en el que
nuestras hermandades, indefensas, han tenido que aceptar los ataques de
agentes exteriores.
El primer ataque exterior que afectó
considerablemente a nuestras hermandades vino dado por la
Invasión Francesa
(1809-13). En 1809, bajo José I Bonaparte (Pepe Botella) se publicó un Real
Decreto en el que se suprimían las órdenes monasticas; esto afecto sobremanera
a nuestras hermandades, ya que 16 de ellas residían en conventos, y por lo
tanto por el cierre de los mismos se vieron obligados a abandonarlos y buscar una nueva sede, incluso
teniendo capilla propia en estas iglesias algunas de las hermandades. Las
hermandades afectadas fueron:
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La Cena, que estaba en San
Basilio, se tuvo que trasladar a San Gil.
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El Amor, que estaba en Los
Terceros, se tuvo que trasladar a la iglesia de San Miguel.
-
Vera Cruz; su capilla en
el convento de San Francisco es quemada por los franceses y se tiene que
trasladar al almacen que poseen en el compás del convento.
-
El Museo, que tenía
capilla propia en el convento de la Merced, se tuvo que trasladar a la
iglesia de San Vicente.
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El Buen Fin, que
estaba en el convento de San Antonio de Padua, se extinguió por la
clausura del convento, aunque se vuelve a reorganizar la hermandad en
1888.
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Las Siete Palabras, que
estaba en el convento del Carmen, y tenía capilla propia, se tuvo que
trasladar a la iglesia de San Vicente.
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La Lanzada, que también
estaba en San Basilio, se tuvo que trasladar a la iglesia de San Marcos.
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Las Cigarreras, que
también estaban en Los Terceros, y con capilla propia, se tuvo que
trasladar a la iglesia de San Pedro.
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La Quinta Angustia, que
también estaba en el convento del Carmen, y tenía capilla propia, se tuvo
que trasladar a la iglesia de San Vicente.
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El Valle, que estaba en el
monasterio del Valle, con capilla propia, se tuvo que trasladar a la
iglesia de San Román.
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Pasión, que también tenía
capilla propia en el convento de la Merced, se tuvo que trasladar a la
iglesia de San Julián.
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La Trinidad, que estaba en
el convento de la Trinidad, tuvo que trasladarse a la iglesia de Santa
Lucía.
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El Santo Entierro, que
estaba en el colegio mercedario de San Laureano, se tuvo que trasladar a
San Juan de la Palma.
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La Soledad, que también
estaba en el convento del Carmen, se tuvo que trasladar a la iglesia de
San Miguel.
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La Antigua y Siete Dolores,
que estaba en la capilla del compás de San Pablo, tras el cierre de su
capilla cayó en decadencia, y 5 años después, en 1815, se extingió.
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La Concepción del convento
de Regina, se trasladó a la iglesia de San Martín, acabando la hermandad
absorvida por la hermandad de La Santa Espina en 1815.
Por el cierre de estos conventos, tres hermandades se
extinguieron (aunque afortunadamente el Buen Fin se reorganizó años mas
tarde); y no es ya el perder sus propias capillas muchas de las hermandades,
ni el engorro de tener que buscar una nueva sede, o la perdida de los
enseres que ello contrajo y, por lo que muchas estuvieron al punto de la
extinción, sino que también se produjo una profanación de sus imágenes
titulares...
Quedaron en precarias condiciones Las Siete Palabras;
Pasión perdió casi todo su patrimonio, salvandose casi únicamente la imagen del
Señor; el Santo Entierro, que su iglesia fue saqueada por los franceses, lo
perdió todo menos sus imágenes, al igual que la Soledad de San Lorenzo, que
también fue saqueada y solo salvo la imagen de la Virgen; Vera Cruz perdió sus
pasos y enseres; el Silencio, que residía (y reside) en la iglesia del antiguo
convento de San Antonio Abad, perdió muchos enseres y el paso, teniendo que
ocultar el Cristo emparedandolo tras un muro de ladrillos; pero la que peor
trataron los franceses fue a la hermandad de la Lanzada, que tras robar la
corona de la virgen, mutilaron el rostro de la imagen a sablazos, y quemaron
la imagen de la Magdalena, Longinos y un sayon judío, perdiendo casi todo su
patrimonio...
En 1836 aparece la Desamortización de Mendizabal,
por ella se extinguieron todas las órdenes religiosas; y todos los
monasterios, conventos, colegios etc, pasaron a manos del estado, disponiendo
de todo su patrimonio, tierras, bienes etc. Una de las ciudades mas
castigadas con la ley de Mendizabal fue Sevilla, y numerosas hermandades
fueron afectadas por esta ley, ya que tras los acontecimientos con los
franceses, muchas de ellas volvieron a sus residencias conventuales. Aunque
numerosos conventos cerraron, muchas de sus iglesias siguieron abiertas al
culto, y las hermandades que residían en ellas no tuvieron que trasladarse,
pero otras si estuvieron afectadas.
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La Estrella, que residía
en el convento de la Victoria con capilla propia, al ser cerrado este tuvo
que trasladarse al convento de San Jacinto.
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El Amor, en 1841 le fue
expropiado su almacen que tenia en la plaza de los terceros donde guardaba
sus pasos.
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Vera Cruz, por la
demolición del convento de San Francisco para construir la actual Plaza
Nueva, se tuvo que trasladar a la iglesia San Alberto, de la congregación
de los filipenses, en donde quedó en el mayor abandono.
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La Lanzada, que en esta
época residia en el convento de los Mínimos de San Francisco de Paula, se
extingue en esta fecha, ya que por el cierre del convento que es
convertido en cuartel de Artillería de Montaña, y su capilla en cuadra de
mulas, los bienes e imágenes de la hermandad se dispersan entre los
hermanos; aunque afortunadamente, luego la hermandad se reorganiza en
1844.
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Las
Siete Palabras, que estaban en el convento del Carmen, tras el
cierre del mismo pierde todo su patrimonio a excepción del Cristo y la
Virgen de la Cabeza.
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Pasión, que se encontraba
en el convento de la Merced, casi desaparaece cuando el convento fue
exclaustrado en 1840, acabando la imagen del Señor en el domicilio de un
hermano, la virgen pasó a la capilla del Cristo de la Expiración (Museo),
y el San Juan a San Alberto, aunque posteriormente esas dos imágenes se
perdieron.
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Los Gitanos, que estaban
en el convento agustino del Pópuulo, tuvo que trasladarse a la iglesia de
San Esteban al convertir el dicho convento en Carcel Real.
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El Santo Entierro,
nuevamente se ve afectado, ya que en esta época residía en el convento de
San Pablo, y la capilla donde estaba fue convertida por la autoridad
competente en oficina pública, por lo que se tuvo que trasladar al
convento de la Merced en 1838, pero al ser este también exclaustrado,
vuelve a la iglesia del ya exclustrado convento de San Pablo en 1840,
aunque sus imagenes estaba repartidas por los distintos altares de la
iglesia, empezando a partir de aqui una "peregrinación" por distintas
iglesias (siete) hasta que acaba en 1870 en su actual sede de la iglesia
de San Gregorio.
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La Trinidad se vio
afectada por el cierre del convento de la Trinidad, que pasa a ser un
cuartel de artillería, y la hermandad estuvo practicamente disuelta y no
volvió a salir hasta 1844.
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La Entrada en Jerusalen y San
Sebastian, hermandad trianera del convento de la Victoria tuvo que
trasladarse al convento de los Remedios.
Como hemos visto, hubo hermandades que se
extinguieron brevemente, y otras como Pasión sobrevió de milagro, estando al
punto de extinguirse; muchas pierden su patrimonio y tardarían muchisimos años
en recuperarse.
Hay que mencionar, que la iglesia y las cofradias que
fueron expropiadas de sus edificios o terrenos, no recibieron ninguna
compensación del gobierno, y que la iglesia excomulgó tanto a los
expropiadores como a los compradores de las tierras.
La siguiente crisis del XIX vino provocada por la
Revolución de 1868, llamada "La Gloriosa", de marcado carácter
anticlerical. La junta revolucionaria de Sevilla, decretó el derribo de los
conventos e iglesias de las Mínimas, las Dueñas, el Socorro, San Leandro,
Santa Isabel y las iglesias de San Juan de la Palma, Santa Ana, San Andrés,
San Esteban, Omnium Sanctorum y San Miguel; solo esta última fue derribada,
una iglesia gótica que algunos autores la remontaban a tiempos fernandinos, y
que otros dicen que fue reconstruida tras el terremoto de 1356. En esta
iglesia fue bautizado Félix González de León, se casó Velazquez con la hija de
Pacheco en 1618, y reposaban los restos mortales de Pacheco desde 1644 y
Américo Vespucci entre otros.
En la iglesia de San Miguel residía en aquellas
fechas la Hermandad del Amor, y al cerrarse la
iglesia, la Junta Revolucionaria puso en venta todos los enseres, imágenes y
objetos religiosos de la hermandad; la imagen del Cristo del Amor fue
adquirida por Ma Jesús del Amor Pérez, hermana y benefactora de la
corporación, que se llevó el cristo a su domicilio. La hermandad de Amor no se
recuperó de estos echos hasta 1892, en el que se reorganizó la hermandad.
Pasión, también residía en
San Miguel, pero no se vió afectada en la perdida de enseres, ya que se
trasladó a la iglesia del Salvador.
Otra que se encontraba en esta iglesia era la hermandad de la
Soledad que tuvo que trasladarse a San Lorenzo,
donde reside hoy en día.
También se vieron afectadas por expropiaciones y el
cierre de iglesias las hermandades siguientes:
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La Cena, que residía en el
convento de San Basilio, se tuvo que trasladar a la iglesia de San
Vicente, ya que el convento de San Basilio con su iglesia fueron
demolidos. También perdieron el almacen de los pasos que tenían en la
calle Relator.
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La Amargura, la junta
revolucionaria les cierra la iglesia con intención de derribarla, y tienen
que trasladarse a La Misericordia.
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Vera Cruz, que estaba en
la iglesia del desamortizado convento de las monjas de Pasión, tuvo que
trasladarse a San Alberto a su cierre, donde languideció hasta su
extinción en 1924.
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San Benito, que residía en
la ermita anexa al hospital de la Encarnación, se extingió al cierre de su
iglesia (que la Junta Revolucionaria se quedo con ella y la vendió en
pública subasta), ya que se perdieron todos sus bienes, el Cristo paso a
un pueblo de la provincia de Huelva (y fue quemado en 1936) y la virgen a
la iglesia de San Benito. La hermandad se reorganizará en esa iglesia
donde estaba la virgen en 1921.
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Los Panaderos, que estaban
en Santa Lucía con capilla propia, tuvo que guardar sus imágenes en el
almacen de los pasos por el cierre de la iglesia, no levantando cabeza la
hermandad hasta 1878.
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Las Siete Palabras, que
estaba en su capilla del convento del Carmen, al ser cerrado
definitivamente el convento convirtiendose en cuartel, tuvo que
trasladarse a la iglesia de San Vicente.
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El Valle, que estaba en
San Andrés, al ser clausurada esta iglesia se tuvieron que marchar a San
Román, en cuya iglesia la hermandad sufrió un robo sacrílego perdiendo las
manos de la virgen.
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El Silencio, cuya iglesia
intentó derribar la Junta Revolucionaria, pues pretendía abrir una calle
que fuera desde la Calle de las Armas (Anfonso XII) a Monsalves pasando
por en medio de la iglesia. La hermandad ya tuvo problemas en 1835 en
tener que demostrar que la iglesia era suya y no de los Dieguinos (los
frailes de San Diego, que eran los antiguos religiosos que regentaban el
convento), y otra vez tuvieron que velar por sus derechos sobre la
iglesia. La hermandad a pesar de la prohibición que multaba por guardar
objetos religiosos de iglesias o conventos exclaustrados, tuvo que guardar
las imágenes y enseres repartiendolos entre las casas de los hermanos. Y
gracias a la generosidad de su camarera Dña Gertrudis
Zuazo, que compró el convento y la iglesia y,
cedió una parcela al
Ayuntamiento para la apertura de la calle que entonces se llamó de Riego
(hoy llamada Silencio), la iglesia de San Antonio Abad se
salvó del derribo.
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La Esperanza de Triana,
que estaba en su Capilla de los Marineros, la junta revolucionaria
desposeyó a la hermandad de su capilla, y tuvieron que trasladarse a San
Jacinto. Lo que mucha gente no sabe, es que la expropiada capilla de los
Marineros fue un templo anglicano de 1876 a 1900, luego fue cine, almacén
y hasta salón de variedades; hasta que en 1962 (casi cien años después de
su expropiación) la hermandad pudo recomprar su propia capilla.
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La Carretería, que tenía
su capilla de la Carretería en propiedad, la Junta revolucionaria obligó a
cerrarla y casi la perdió la hermandad, pero pudieron regresar a ella en
dos meses, después de haber sido saqueada.
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La Trinidad. Su templo fue
utilizado para la caballería, pero la hermandad se negó a irse y dejó
las imágenes en sus altares.
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Santo Entierro, se vió
afectado al igual que la Amargura, porque también residía en San Juan de la
Palma, trasladandose a la Capilla del Asilo de la Mendicidad, que es hoy
en día Capilla de la Divina Pastora de calle Amparo.
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La Entrada en Jerusalen y San
Sebastian; esta hermandad trianera que residía en el convento de
los Remedios, no tuvo tanta suerte, ya que tras el cierre del convento y
la pérdida de sus imágenes titulares, la hermandad se extinguió.
"La Gloriosa" fue realmente desastrosa para nuestras
hermandades, no solo por la extinción de algunas de ellas y el
languidecimiento de otras que acabaron en la extinción también, sino por el
derribo de una iglesia como la de San Miguel, y otros conventos y capillas;
aunque dentro de lo malo se podian haber perdido otras muchas joyas de nuestro
patrimonio arquitectónico. A pesar de todo, las hermandades salieron adelante,
naciendo en esta época las "cofradías románticas", aunque mas adelante no
dejaron de sufrir con otros ataques.
>>> Mi agradecimiento a D.
Carlos Ros Carballar, por la información que me ha enviado sobre la
iglesia de San Antonio Abad y su ofrecimiento en ayudarme a buscar mas
información si la necesitaba. ... Carlos, siempre agradecida.
© Concha
R. Worth. 15- IV- 2008
correo:
concharw@gmail.com

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