(Este artículo está dedicado a un amigo… se lo debía, pero hasta
ahora no había tenido la fuerzas para poder escribirlo)
Serio el semblante, voz grave, casi susurrante, una forma y un
estilo, único y singular. Pero ante todo saber guardar el respeto debido a las
Sagradas Imágenes de la Hermandad.
Vida, obra y servicio comprometidos con lo que tanto amaba, las
cofradías.
Era una tarde tranquila y cuando llegó entró con su sonrisa y
educación características. Antes de comenzar conversó con los presentes y dedicó
sus mejores piropos a la Virgen. Después preparó la entrevista, el lugar
adecuado, el ambiente idóneo, la forma que él consideraba más respetuosa y
oportuna. Finalmente, tornaba su faz hacia un gesto sobrio para comenzar.
Todas y cada una de las imágenes, todas y cada una de las
hermandades, eran tratadas de la misma forma, sin distinción, todas merecían el
mismo respeto porque como nos decía la Virgen es una y está en todas y cada una
de ellas.
Con el tiempo me lo encontré en calle Sierpes, fuera de las
fechas de la vorágine de cuaresmas, glorias y sacramentales, se empeñó en
invitar a café, me negué sabedor de los problemas que tenía y que a veces me
comentaba de soslayo como quién intenta no molestar, pero no hubo manera, no me
dejó, en el Catunambú pagaba él y “cuando vaya a tu barrio te tocará a ti
Javier”.
Pero me quedé esperando…
Aún, cuando busco en el móvil y tecleo la “H” aparece tu
apellido en primer lugar, siempre me digo que tengo que borrarlo pero no me he
atrevido todavía, no puedo, es superior a mí y ahí sigue no sé por cuanto
tiempo.
Han sido momentos compartidos que aún permanecen en mi memoria,
tus pregones cuaresmales, los múltiples encuentros en hermandades, procesiones y
actos varios.
¿Recuerdas cuando me llamaste para que te recogiera en casa e ir
juntos a nuestra muy querida Hermandad de los Dolores de Torreblanca porque
éramos miembros del Jurado del Cartel Cuaresmal?, corriendo porque llegábamos
tarde pero al final allí estuvimos pasando una magnífica noche con nuestros
amigos y hermanos. Nos despedimos en la puerta de tu casa con un hasta luego…
como en tantas ocasiones… estábamos convencidos que en breve volveríamos a
encontrarnos.
Y siempre, siempre, con tu sonrisa amable y educada, porque
aunque muchos te recuerden con el gesto serio de tus entrevistas y reportajes
televisivos pocos saben de la educación con la que nos recibías y la perenne
sonrisa de bienvenida. Y todo a pesar de los múltiples problemas que te
empujaron a beberte la luna a borbotones en una madrugada solitaria y eterna.
Volveremos a vernos querido amigo, mas tarde ó mas temprano,
porque acuérdate, Agustín, te debo un café.
©
Francisco Javier Parrado Lira, Sevilla. 13- IX- 2004
parradol@wanadoo.es