De la
conservación preventiva aplicada al mantenimiento del patrimonio
(publicado por primera vez en
UltimoTramo.com el 26/09/02)
Es complicado hablar de conservación cuando hablamos de
cofradías, ya que en la mayoría de los casos no se trata de meros objetos,
sino que arrastran la devoción popular a lo largo de siglos.
La conservación debe ser un tema que
preocupe a la admisnistración, pero sobre todo a las hermandades, que son
las depositarias de los bienes y las que deben velar por la conservación del
patrimonio que les ha sido legado. El auge actual de la Semana Santa ha dado
lugar a un creciente interés por el estudio del patrimonio de nuestras
cofradías. Esto ha dado buenos resultados en la mayoría de los casos, pues
es indudable que sin el conocimiento debido resulta complicado conservar
nuestro patrimonio. Es el de las cofradías un patrimonio que sigue teniendo
la misma utilidad que en el momento de su creación, lo cual es algo muy a
tener en cuenta.
Muchas veces vemos en la restauración
la solución ideal a los problemas de conservación. La restauración, sin
embargo, es un proceso que solo debe llevarse a cabo en casos especialmente
necesarios. Siempre es preferible llevar a cabo una conservación preventiva
antes que tener que llegar a la restauración, que en ocasiones puede llegar
a ser traumática.
Para llevar a cabo esta conservación
preventiva, ya que las imágenes no están en museos, sino que están expuestas
al culto, hay que aproximarse todo lo posible a las condiciones ideales de
conservación en el lugar en el que se encuentren depositadas, en la mayoría
de los casos, nuestras iglesias, capillas y conventos. En ningún momento hay
que excluir la salida procesional, pero hay que ser conscientes de que se
daña a la imagen por el simple hecho de salir a la calle. No estamos
hablando exclusivamente del tipo de levantá que se imprima al paso, ni de la
manera más o menos brusca de andar, sino, principalmente, de los cambios de
temperatura entre la tarde y la noche, la lluvia, el hecho de encenderse y
apagarse las velas que iluminan a la imagen, etc.
Estos daños no son remediables, en
tanto en cuanto no vamos a prescindir de la salida procesional. Es por ello
que debemos extremar las precauciones y los cuidados en los cultos internos.
Existe un mayor interés en la
conservación de las imágenes titulares de las cofradías, pero ni aún así se
tienen los cuidados que estas obras de arte requieren. Durante todo el año
hay que velar por dotar a los bienes de nuestras cofradías de unas
condiciones adecuadas, es necesaria la creación de un inventario, etc. Todo
es fácil de conseguir si seguimos unas normas básicas. No hay por ello que
restringir el culto, sino enfocarlo, de manera que la imagen sufra lo menos
posible. Más vale conservar que restaurar.
Aún así, en el caso de que haya que llevar a cabo un proceso de
restauración, no cabe duda de que no hay que acudir a artistas, sino a
profesionales de la restauración, que son los que están debidamente
formados.
Por supuesto, de nada sirve restaurar
si luego vamos a seguir tratando la obra del mismo modo. Esto supone una
labor de concienciación de los responsables de tutelar estos bienes, de
manera que sean capaces de llevar a cabo una Conservación Preventiva, para
que puedan mantener a la obra en buenas condiciones de conservación durante
todo el año. No podemos prescindir del uso devocional de estas obras de
arte. Siempre tuvieron un carácter funcional, no museístico. Si cambiamos
esto estaríamos renunciando a buena parte de nuestro sustrato cultural.
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